LuKaS
L'enfant terrible
Juro, que oí gritar a mi alma,
en el silencio infinito de la noche;
y hubo horas de espesa neblina,
por el crudo frío en las rocas.
El reflejo de plata de una gota,
el eco de los golpes del recuerdo,
hicieron de respirar, algo eterno.
Inspirar el aire denso, me congelaba los pulmones,
y yo veía a la lluvia, deslizar a lo largo del pórtico,
a su alma de hielo que venía a decorar el tejado.
Hubo un recuerdo tuyo, que horadó mi corazón.
El intento de olvidarte, rozaba el infinito;
en el suspenso de esa precipitación lluviosa,
mis ojos te buscaron, mas allá del horizonte.
El mismo cielo, que me salvaba del abismo,
el mismo limbo, que apagaba mi existencia.
Última edición: