Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
La rendención requiere un sacrificio.
Uno que casi te arranque todo lo que eres
y te devuelva la fe.
El día que decidiste ayudarla, la hiciste un artificio.
Rompiste leyes y las leyes te condenan hoy a terminar lo que aquella vez evitaste.
-Tienes una sola oportunidad de volver al cielo-
Respiraba el olor a mar. Eran bocanadas de aire
seguidas de un asfixiante deseo por saturarse de
todo lo que la noche pudiera ofrecer. Sentía
desesperar mientras observaba las olas rompiendo
y ese sonido. es la trágica paz, un invento
multi homicida. Un intento muy humano por
seguir respirando-. Se tiro en la arena aun aturdido,
por las palabras. El frio se colaba entre la ropa
y era una especie de confort, algo diferente que sentir.
Sus manos cogieron arena y dejaron que esta
resbala entre los dedos. Pensó en la primera vez
que la vio sonreír, después del trágico accidente.
Sus manos pequeñas y blancas acariciaban a un cachorro
que insistía con escapar haciendo sonidos. Ella sonrió.
La humedad en sus ojos amenazaba con hacerse lagrimas.
¿Cómo podía haber sido un error salvarla?
En el libro de su vida, ella tendría que haber muerto;
después de ver la atrocidad esparcida por el suelo.
Una realidad punzante de despojos en rojos. Pedazos de carne,
huesos, sangre y metal en un continuo descubrimiento infernal.
La niña no encontraba a sus padres y apenas comprendía lo que veía.
Luisa tendría que haber muerto; pero su inmensa confusión y tristeza
lo llamaron. Su magnético dolor corrompía y de pronto se encontró
viendo directo a sus ojos, irresistibles.
Era totalmente visible. No había sido consciente de lo que ocurría,
hasta que comenzó a asfixiarlo el humo y el hedor.
Era visible y Luisa se aferro a él en ese mismo instante,
antes si quiera de pensar en volver a otro plano.
Ella se aferro con todo su cuerpo. Fue entonces que sus alas desaparecieron.
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