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Puaj, Mariposa, me cuidaré mucho de hoy en más de apiadarme de las pobres viejecillas...
Aquí te dejo mis sugerencias, para que hagas con ellas lo que quieras. Lo que hace que me perdone el darte tanto trabajo es que yo también lo he hecho... Recuerda que entre [] pongo lo que sugiero eliminar de tu texto, entre () lo que sugiero agregarle. Fíjate en los tiempos verbales cuando Steven piensa.
un abrazo
j.
PS. Yo veo una carita donde quise poner dos puntos, no sé si a ti te pasará lo mismo.
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Era un día de esos (en )que las nubes grises adorna[ba]n el cielo con la amenaza de lluvia inminente. (A) Steven(,) como trabajador social que era(,) le tocaba recorrer barrios y comunidades para ayudar en muchos casos a las familias y(,) en otros(,) remover a las v(í)ctimas(,) fueran niños o ancianos(,) del entorno que les afectaba. En la tarde recibió una llamada de su supervisor refiriéndole un caso. Era (el )de una anciana que vivía sola[ y](,) los vecinos habían llamado a la policía preocupados porque no la habían visto salir de su casa hacía varios días. La policía cuando fue a la casa encontró a la anciana sentada en una mecedora frente a un baúl [y]) no se quería mover de allí. Ellos quisieron removerla de su hogar y trasladarla a un hogar de ancianos pero ella se negó.
Steven se trasladó al lugar, era una casa casi perdida en la maleza y al parecer nunca había sido pintada. Figuras de mármol en forma de gatos se erigían por todas partes; un chillido de gato se escuchó y se le erizaron los pelos. La puerta estaba [entre abierta](entreabierta); un [mal] olor putrefacto salía de la casa [y](,) le causó na(ú)seas y se tuvo que tapar la nariz. Tocó en la puerta, pero nadie respond[ía](ió,) hasta que entró sin ser invitado. Vió a la anciana meciéndose en la mecedora, era muy blanca y con un pelo negro largo que le llegaba a las rodillas; ella no se percat[aba](ó) de su presencia.
Trató de detener la mecedora pero ella se mecía más fuerte(,) casi pisándolo. No tenía idea de qué hacer con esa anciana (de la )que(,) según su experiencia(,) sabía que era paciente mental. Además el ambiente lúgubre del lugar lo estaba asustando. Se fijó en que ella no despegaba la mirada de un baúl antiguo viejo y color marrón frente a ella. Así que él(,) para captar su atención(,) se detuvo frente al baúl [y lo intentó abrir](e intentó abrirlo). De repente la mecedora se detuvo y la anciana se levantó rápidamente huyendo hacia la cocina. Se oyó un portazo [repentino], al parecer la anciana había huido de la casa por la puerta que daba al patio.
Iba a detenerla(,) pero la curiosidad de saber lo que había en el baúl le intrigaba[,]) lo abrió y lo que había allí lo hizo vomitar y casi se desmaya[,]
) era una pila de gatos muertos amontonados que destilaban un fuerte hedor. Definitivamente la anciana [estaba](está) loca[-]( ,)pensó Steven. Tenía que sacarla de allí inmediatamente[,](
fue a buscarla pero antes llamó a la policía para explicar[le] lo que estaba ocurriendo y (decir que )los esperaba para remover ( a) la anciana de ese espantoso lugar. Salió hac[í](i)a el patio trasero(
estaba muy perdido en la maleza y había[n] m[a](á)s gatos muertos por donde quiera que miraba. Se preguntaba (")¿dónde esta[ba](rá) la anciana?" [Y](, y) (")¿cómo pudo haber desaparecido de ese modo[?] siendo tan vieja(?").
[E](É)l estaba muerto del miedo[;](,) todo esto le parecía maléfico[,](se fijó en un árbol que estaba al final del patio y fue hasta allí, al mirar hacia arriba vió más gatos ahorcados en muchas ramas. Una gota de sangre le cayó en la cara, asqueado se limpió y al fijarse nuevamente vi[ó](o) que la anciana estaba en una de las ramas [y](,) le sonreía con una risa diabólica y llevaba un cuchillo en sus manos. Steven emitió un grito de terror cuando el cuerpo putrefacto de la anciana saltó sobre él enterrándole el cuchillo en uno de sus ojos. Antes de cerrar los ojos para siempre vi[ó](o) que la anciana se transformaba en una gata negra con ojos negros y plácidamente escapaba por la maleza. Cuando los policías encontraron el cuerpo, muchos gatos le lamían la sangre que brotaba de los ojos del pobre trabajador social.
¡Hola Lis!
Jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaj, vaya anciana; me pereció estar leyendo a Agatha Chistie; muy buen relato, menos mal que a mí no me gustan los gatos; en todo caso formidable el relato; mis aplausos.
sigifredo
Era un día de esos que las nubes grises adornaban el cielo con la amenaza de lluvia inminente. Steven como trabajador social que era le tocaba recorrer barrios y comunidades para ayudar en muchos casos a las familias y en otros remover a las victimas fueran niños o ancianos del entorno que les afectaba. En la tarde recibió una llamada de su supervisor refiriéndole un caso. Era de una anciana que vivía sola y los vecinos habían llamado a la policía preocupados porque no la habían visto salir de su casa hacía varios días. La policía cuando fue a la casa encontró a la anciana sentada en una mecedora frente a un baúl y no se quería mover de allí. Ellos quisieron removerla de su hogar y trasladarla a un hogar de ancianos pero ella se negó.
Steven se trasladó al lugar, era una casa casi perdida en la maleza y al parecer nunca había sido pintada. Figuras de mármol en forma de gatos se erigían por todas partes; un chillido de gato se escuchó y se le erizaron los pelos. La puerta estaba entre abierta; un mal olor putrefacto salía de la casa y le causó nauseas y se tuvo que tapar la nariz. Tocó en la puerta, pero nadie respondía hasta que entró sin ser invitado. Vió a la anciana meciéndose en la mecedora, era muy blanca y con un pelo negro largo que le llegaba a las rodillas; ella no se percataba de su presencia.
Trató de detener la mecedora pero ella se mecía más fuerte casi pisándolo. No tenía idea de qué hacer con esa anciana que según su experiencia sabía que era paciente mental. Además el ambiente lúgubre del lugar lo estaba asustando. Se fijó en que ella no despegaba la mirada de un baúl antiguo viejo y color marrón frente a ella. Así que él para captar su atención se detuvo frente al baúl y lo intentó abrir. De repente la mecedora se detuvo y la anciana se levantó rápidamente huyendo hacia la cocina. Se oyó un portazo repentino, al parecer la anciana había huido de la casa por la puerta que daba al patio.
Iba a detenerla pero la curiosidad de saber lo que había en el baúl le intrigaba, lo abrió y lo que había allí lo hizo vomitar y casi se desmaya, era una pila de gatos muertos amontonados que destilaban un fuerte hedor. Definitivamente la anciana estaba loca-pensó Steven. Tenía que sacarla de allí inmediatamente, fue a buscarla pero antes llamó a la policía para explicarle lo que estaba ocurriendo y los esperaba para remover la anciana de ese espantoso lugar. Salió hacía el patio trasero estaba muy perdido en la maleza y habían mas gatos muertos por donde quiera que miraba. Se preguntaba ¿dónde estaba la anciana? Y ¿cómo pudo haber desaparecido de ese modo? siendo tan vieja.
El estaba muerto del miedo; todo esto le parecía maléfico, se fijó en un árbol que estaba al final del patio y fue hasta allí, al mirar hacia arriba vió más gatos ahorcados en muchas ramas. Una gota de sangre le cayó en la cara, asqueado se limpió y al fijarse nuevamente vió que la anciana estaba en una de las ramas y le sonreía con una risa diabólica y llevaba un cuchillo en sus manos. Steven emitió un grito de terror cuando el cuerpo putrefacto de la anciana saltó sobre él enterrándole el cuchillo en uno de sus ojos. Antes de cerrar los ojos para siempre vió que la anciana se transformaba en una gata negra con ojos negros y plácidamente escapaba por la maleza. Cuando los policías encontraron el cuerpo, muchos gatos le lamían la sangre que brotaba de los ojos del pobre trabajador social.
Era un día de esos que las nubes grises adornaban el cielo con la amenaza de lluvia inminente. Steven como trabajador social que era le tocaba recorrer barrios y comunidades para ayudar en muchos casos a las familias y en otros remover a las victimas fueran niños o ancianos del entorno que les afectaba. En la tarde recibió una llamada de su supervisor refiriéndole un caso. Era de una anciana que vivía sola y los vecinos habían llamado a la policía preocupados porque no la habían visto salir de su casa hacía varios días. La policía cuando fue a la casa encontró a la anciana sentada en una mecedora frente a un baúl y no se quería mover de allí. Ellos quisieron removerla de su hogar y trasladarla a un hogar de ancianos pero ella se negó.
Steven se trasladó al lugar, era una casa casi perdida en la maleza y al parecer nunca había sido pintada. Figuras de mármol en forma de gatos se erigían por todas partes; un chillido de gato se escuchó y se le erizaron los pelos. La puerta estaba entre abierta; un mal olor putrefacto salía de la casa y le causó nauseas y se tuvo que tapar la nariz. Tocó en la puerta, pero nadie respondía hasta que entró sin ser invitado. Vió a la anciana meciéndose en la mecedora, era muy blanca y con un pelo negro largo que le llegaba a las rodillas; ella no se percataba de su presencia.
Trató de detener la mecedora pero ella se mecía más fuerte casi pisándolo. No tenía idea de qué hacer con esa anciana que según su experiencia sabía que era paciente mental. Además el ambiente lúgubre del lugar lo estaba asustando. Se fijó en que ella no despegaba la mirada de un baúl antiguo viejo y color marrón frente a ella. Así que él para captar su atención se detuvo frente al baúl y lo intentó abrir. De repente la mecedora se detuvo y la anciana se levantó rápidamente huyendo hacia la cocina. Se oyó un portazo repentino, al parecer la anciana había huido de la casa por la puerta que daba al patio.
Iba a detenerla pero la curiosidad de saber lo que había en el baúl le intrigaba, lo abrió y lo que había allí lo hizo vomitar y casi se desmaya, era una pila de gatos muertos amontonados que destilaban un fuerte hedor. Definitivamente la anciana estaba loca-pensó Steven. Tenía que sacarla de allí inmediatamente, fue a buscarla pero antes llamó a la policía para explicarle lo que estaba ocurriendo y los esperaba para remover la anciana de ese espantoso lugar. Salió hacía el patio trasero estaba muy perdido en la maleza y habían mas gatos muertos por donde quiera que miraba. Se preguntaba ¿dónde estaba la anciana? Y ¿cómo pudo haber desaparecido de ese modo? siendo tan vieja.
El estaba muerto del miedo; todo esto le parecía maléfico, se fijó en un árbol que estaba al final del patio y fue hasta allí, al mirar hacia arriba vió más gatos ahorcados en muchas ramas. Una gota de sangre le cayó en la cara, asqueado se limpió y al fijarse nuevamente vió que la anciana estaba en una de las ramas y le sonreía con una risa diabólica y llevaba un cuchillo en sus manos. Steven emitió un grito de terror cuando el cuerpo putrefacto de la anciana saltó sobre él enterrándole el cuchillo en uno de sus ojos. Antes de cerrar los ojos para siempre vió que la anciana se transformaba en una gata negra con ojos negros y plácidamente escapaba por la maleza. Cuando los policías encontraron el cuerpo, muchos gatos le lamían la sangre que brotaba de los ojos del pobre trabajador social.
Sobrecogedor y fantasticamente escrito tu relato.
Besos.
mi glenda macabrita, jajaja. fue bueno este relato, para mí, no me da miedo esas cosas...
desde el principio hasta final perfecto, nota 10
un abrazo
gonzalo
Era un día de esos que las nubes grises adornaban el cielo con la amenaza de lluvia inminente. Steven como trabajador social que era le tocaba recorrer barrios y comunidades para ayudar en muchos casos a las familias y en otros remover a las victimas fueran niños o ancianos del entorno que les afectaba. En la tarde recibió una llamada de su supervisor refiriéndole un caso. Era de una anciana que vivía sola y los vecinos habían llamado a la policía preocupados porque no la habían visto salir de su casa hacía varios días. La policía cuando fue a la casa encontró a la anciana sentada en una mecedora frente a un baúl y no se quería mover de allí. Ellos quisieron removerla de su hogar y trasladarla a un hogar de ancianos pero ella se negó.
Steven se trasladó al lugar, era una casa casi perdida en la maleza y al parecer nunca había sido pintada. Figuras de mármol en forma de gatos se erigían por todas partes; un chillido de gato se escuchó y se le erizaron los pelos. La puerta estaba entre abierta; un mal olor putrefacto salía de la casa y le causó nauseas y se tuvo que tapar la nariz. Tocó en la puerta, pero nadie respondía hasta que entró sin ser invitado. Vió a la anciana meciéndose en la mecedora, era muy blanca y con un pelo negro largo que le llegaba a las rodillas; ella no se percataba de su presencia.
Trató de detener la mecedora pero ella se mecía más fuerte casi pisándolo. No tenía idea de qué hacer con esa anciana que según su experiencia sabía que era paciente mental. Además el ambiente lúgubre del lugar lo estaba asustando. Se fijó en que ella no despegaba la mirada de un baúl antiguo viejo y color marrón frente a ella. Así que él para captar su atención se detuvo frente al baúl y lo intentó abrir. De repente la mecedora se detuvo y la anciana se levantó rápidamente huyendo hacia la cocina. Se oyó un portazo repentino, al parecer la anciana había huido de la casa por la puerta que daba al patio.
Iba a detenerla pero la curiosidad de saber lo que había en el baúl le intrigaba, lo abrió y lo que había allí lo hizo vomitar y casi se desmaya, era una pila de gatos muertos amontonados que destilaban un fuerte hedor. Definitivamente la anciana estaba loca-pensó Steven. Tenía que sacarla de allí inmediatamente, fue a buscarla pero antes llamó a la policía para explicarle lo que estaba ocurriendo y los esperaba para remover la anciana de ese espantoso lugar. Salió hacía el patio trasero estaba muy perdido en la maleza y habían mas gatos muertos por donde quiera que miraba. Se preguntaba ¿dónde estaba la anciana? Y ¿cómo pudo haber desaparecido de ese modo? siendo tan vieja.
El estaba muerto del miedo; todo esto le parecía maléfico, se fijó en un árbol que estaba al final del patio y fue hasta allí, al mirar hacia arriba vió más gatos ahorcados en muchas ramas. Una gota de sangre le cayó en la cara, asqueado se limpió y al fijarse nuevamente vió que la anciana estaba en una de las ramas y le sonreía con una risa diabólica y llevaba un cuchillo en sus manos. Steven emitió un grito de terror cuando el cuerpo putrefacto de la anciana saltó sobre él enterrándole el cuchillo en uno de sus ojos. Antes de cerrar los ojos para siempre vió que la anciana se transformaba en una gata negra con ojos negros y plácidamente escapaba por la maleza. Cuando los policías encontraron el cuerpo, muchos gatos le lamían la sangre que brotaba de los ojos del pobre trabajador social.
Gracias mariposita por asustarme con tu relato, jejeje. Escribes estupendamente, eres una gran escritora... pero sobretodo de buen corazón. Y eso.... es un diamante.. Gracias pro ser mi amiga e invitarme a leerte. Un beso enorme
Gracias linda por acordarte de mi... besos...
Era un día de esos que las nubes grises adornaban el cielo con la amenaza de lluvia inminente. Steven como trabajador social que era le tocaba recorrer barrios y comunidades para ayudar en muchos casos a las familias y en otros remover a las victimas fueran niños o ancianos del entorno que les afectaba. En la tarde recibió una llamada de su supervisor refiriéndole un caso. Era de una anciana que vivía sola y los vecinos habían llamado a la policía preocupados porque no la habían visto salir de su casa hacía varios días. La policía cuando fue a la casa encontró a la anciana sentada en una mecedora frente a un baúl y no se quería mover de allí. Ellos quisieron removerla de su hogar y trasladarla a un hogar de ancianos pero ella se negó.
Steven se trasladó al lugar, era una casa casi perdida en la maleza y al parecer nunca había sido pintada. Figuras de mármol en forma de gatos se erigían por todas partes; un chillido de gato se escuchó y se le erizaron los pelos. La puerta estaba entre abierta; un mal olor putrefacto salía de la casa y le causó nauseas y se tuvo que tapar la nariz. Tocó en la puerta, pero nadie respondía hasta que entró sin ser invitado. Vió a la anciana meciéndose en la mecedora, era muy blanca y con un pelo negro largo que le llegaba a las rodillas; ella no se percataba de su presencia.
Trató de detener la mecedora pero ella se mecía más fuerte casi pisándolo. No tenía idea de qué hacer con esa anciana que según su experiencia sabía que era paciente mental. Además el ambiente lúgubre del lugar lo estaba asustando. Se fijó en que ella no despegaba la mirada de un baúl antiguo viejo y color marrón frente a ella. Así que él para captar su atención se detuvo frente al baúl y lo intentó abrir. De repente la mecedora se detuvo y la anciana se levantó rápidamente huyendo hacia la cocina. Se oyó un portazo repentino, al parecer la anciana había huido de la casa por la puerta que daba al patio.
Iba a detenerla pero la curiosidad de saber lo que había en el baúl le intrigaba, lo abrió y lo que había allí lo hizo vomitar y casi se desmaya, era una pila de gatos muertos amontonados que destilaban un fuerte hedor. Definitivamente la anciana estaba loca-pensó Steven. Tenía que sacarla de allí inmediatamente, fue a buscarla pero antes llamó a la policía para explicarle lo que estaba ocurriendo y los esperaba para remover la anciana de ese espantoso lugar. Salió hacía el patio trasero estaba muy perdido en la maleza y habían mas gatos muertos por donde quiera que miraba. Se preguntaba ¿dónde estaba la anciana? Y ¿cómo pudo haber desaparecido de ese modo? siendo tan vieja.
El estaba muerto del miedo; todo esto le parecía maléfico, se fijó en un árbol que estaba al final del patio y fue hasta allí, al mirar hacia arriba vió más gatos ahorcados en muchas ramas. Una gota de sangre le cayó en la cara, asqueado se limpió y al fijarse nuevamente vió que la anciana estaba en una de las ramas y le sonreía con una risa diabólica y llevaba un cuchillo en sus manos. Steven emitió un grito de terror cuando el cuerpo putrefacto de la anciana saltó sobre él enterrándole el cuchillo en uno de sus ojos. Antes de cerrar los ojos para siempre vió que la anciana se transformaba en una gata negra con ojos negros y plácidamente escapaba por la maleza. Cuando los policías encontraron el cuerpo, muchos gatos le lamían la sangre que brotaba de los ojos del pobre trabajador social.
Gracias linda por acordarte de mi... besos...
gracias por la invitaciòn, me gustò mucho me mantuvo con intriga y meyo de principio a fin!
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Era un día de esos que las nubes grises adornaban el cielo con la amenaza de lluvia inminente. Steven como trabajador social que era le tocaba recorrer barrios y comunidades para ayudar en muchos casos a las familias y en otros remover a las victimas fueran niños o ancianos del entorno que les afectaba. En la tarde recibió una llamada de su supervisor refiriéndole un caso. Era de una anciana que vivía sola y los vecinos habían llamado a la policía preocupados porque no la habían visto salir de su casa hacía varios días. La policía cuando fue a la casa encontró a la anciana sentada en una mecedora frente a un baúl y no se quería mover de allí. Ellos quisieron removerla de su hogar y trasladarla a un hogar de ancianos pero ella se negó.
Steven se trasladó al lugar, era una casa casi perdida en la maleza y al parecer nunca había sido pintada. Figuras de mármol en forma de gatos se erigían por todas partes; un chillido de gato se escuchó y se le erizaron los pelos. La puerta estaba entre abierta; un mal olor putrefacto salía de la casa y le causó nauseas y se tuvo que tapar la nariz. Tocó en la puerta, pero nadie respondía hasta que entró sin ser invitado. Vió a la anciana meciéndose en la mecedora, era muy blanca y con un pelo negro largo que le llegaba a las rodillas; ella no se percataba de su presencia.
Trató de detener la mecedora pero ella se mecía más fuerte casi pisándolo. No tenía idea de qué hacer con esa anciana que según su experiencia sabía que era paciente mental. Además el ambiente lúgubre del lugar lo estaba asustando. Se fijó en que ella no despegaba la mirada de un baúl antiguo viejo y color marrón frente a ella. Así que él para captar su atención se detuvo frente al baúl y lo intentó abrir. De repente la mecedora se detuvo y la anciana se levantó rápidamente huyendo hacia la cocina. Se oyó un portazo repentino, al parecer la anciana había huido de la casa por la puerta que daba al patio.
Iba a detenerla pero la curiosidad de saber lo que había en el baúl le intrigaba, lo abrió y lo que había allí lo hizo vomitar y casi se desmaya, era una pila de gatos muertos amontonados que destilaban un fuerte hedor. Definitivamente la anciana estaba loca-pensó Steven. Tenía que sacarla de allí inmediatamente, fue a buscarla pero antes llamó a la policía para explicarle lo que estaba ocurriendo y los esperaba para remover la anciana de ese espantoso lugar. Salió hacía el patio trasero estaba muy perdido en la maleza y habían mas gatos muertos por donde quiera que miraba. Se preguntaba ¿dónde estaba la anciana? Y ¿cómo pudo haber desaparecido de ese modo? siendo tan vieja.
El estaba muerto del miedo; todo esto le parecía maléfico, se fijó en un árbol que estaba al final del patio y fue hasta allí, al mirar hacia arriba vió más gatos ahorcados en muchas ramas. Una gota de sangre le cayó en la cara, asqueado se limpió y al fijarse nuevamente vió que la anciana estaba en una de las ramas y le sonreía con una risa diabólica y llevaba un cuchillo en sus manos. Steven emitió un grito de terror cuando el cuerpo putrefacto de la anciana saltó sobre él enterrándole el cuchillo en uno de sus ojos. Antes de cerrar los ojos para siempre vió que la anciana se transformaba en una gata negra con ojos negros y plácidamente escapaba por la maleza. Cuando los policías encontraron el cuerpo, muchos gatos le lamían la sangre que brotaba de los ojos del pobre trabajador social.
Jo!! cualquiera se mete a trabajador social....Imaginativa historia e inesperada si no fuera porque esta en el foro de ficción terror.....bien narrada........un saludo estrellas
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