nathalie fortuny olivo
Poeta recién llegado
Un camino lleno de tumbas, árboles secos, hojas marchitas, sueños quebrados, la fe aplastada por el llanto, la vida maltratada hecha añicos por un mazo. Duele la vida, duele caminar, duele atreverse a soñar, duele el hecho de respirar, inhalar clavos y astillas que pasan entre la garganta cortando y desangrando, provocando una hemorragia interna que se alarga y poco a poco acorta la existencia, esperando el oscuro final el desenlace fatal, el fin perfecto al melodrama más longevo y contemplado por la humanidad. Si! Darle fin a los caminos de muertos en vida, darle fin a los rostros marcados por la vida misma, darle fin al sufrir de los animales al comer carroña, la sangre embarrada en el pavimento dando forma a un llamado de misericordia al ser supremo y más malévolo jamás encarnado! Gritar clemencia al que no escucha, pedir ser visto por el que no ve, ser un mendigo rogando por amor tener hambre de libertad y de piedad, caminar descalzo entre los cuerpos putrefactos por el odio, amanecer y desfallecer entre campos llenos de desdén, caminar sin ser visto, llorar hasta igualar el agua del mar. Vagar perdida entre las sombras de mis propios parpados que permanecen cerrados al no querer enfrentar la realidad de la vida, al no querer ver la gran miseria.