Adrian Gerardo
Poeta fiel al portal
Aquí estamos compañeros, juntos una vez más, tan cerca de la calma y otro tanto de la amistad.
Enero dejo una nervadura a mi piel, de la cual pude descifrar esta historia, Arquitectura del viento.
Una hoja aferrada al desierto, contemplada por leones somnolientos, alza vuelo de repente y todo comienza de nuevo.
Amor, delicia del diseño, me olvide vacunarme, contra ese paso maravilloso hacia la libertad, sucumbí ante el portal, de remos y coral.
Estupefacto presiento, caer esa hoja a la cúspide del desierto, un templo sagrado, con símbolos de otros tiempos.
Me sereno, llamo informalmente al maravillado, curioso, voraz, descubridor de senderos. Una tela de araña quiere replegar mi ventura.
Me deslizo por la comisura de esa noble piedra, dentro, un oasis de sensaciones invaden mi ser. Me desprendo del bolso, mis manos temblorosas, apenas rozan, esa fuente de agua cristalina besando este lienzo.
Debajo del agua, una vieja armadura llena de incrustaciones. Las paredes me hablan, con esos mensajes telares de la ilustración, me adentro mas y mas.
Noto una grieta por la cual las hormigas tienen su avenida, sigo el sendero del mago, pero una música irrumpe el silencio, mi corazón atento, muestra el debido respeto.
Aguardo, aguardo, no sé del tiempo, estoy trasportado. Veo el albor de esta civilización, enormes fuentes con jardines en hermosas rocas que levitan, anillos de color zafiro unen estos paramos.
Se acerca un peregrino, no le veo el rostro, tiene un delicado traje blanco bordado con detalles en plata, injustamente brillante para lo que antes he visto.
Me obsequia su charla, aunque no veo sus labios moverse, trasmite ideas nuevas, como el soplo en la mañana, cuenta el fin de mi viaje, insiste en que no haga preguntas, medita en la respuesta dice, antes de esfumarse.
Despierto, estoy en el baño de mi casa, todo ha sido un sueño, me quede dormido a las dos de la madrugada, vuelvo a la alcoba, medio triste, porque esas maravillas, no han venido conmigo, pero estoy incomodo, esta alta la almohada.
Trato de acomodarla y para mi sorpresa, noto un bulto debajo. Lo saco apresurado, es el traje del peregrino, lo contemplo, lo acaricio, lo pruebo, descubro una piedra rara, en uno de sus bolsillos internos.
Emana una tenue música, la acerco a mi oído izquierdo, se oye el oleaje y un coro que perfuma mis sentidos, abandono mi cuerpo, soy trasportado, total oscuridad, no sé qué hacer, espero, entonces brutalmente, a una distancia intolerable, una gigante estrella nace, siento esa voz por todos lados que me dice, felicitaciones has visto el comienzo, la formación del sol, sonrío, no sé porque, pero sonrío.
Enero dejo una nervadura a mi piel, de la cual pude descifrar esta historia, Arquitectura del viento.
Una hoja aferrada al desierto, contemplada por leones somnolientos, alza vuelo de repente y todo comienza de nuevo.
Amor, delicia del diseño, me olvide vacunarme, contra ese paso maravilloso hacia la libertad, sucumbí ante el portal, de remos y coral.
Estupefacto presiento, caer esa hoja a la cúspide del desierto, un templo sagrado, con símbolos de otros tiempos.
Me sereno, llamo informalmente al maravillado, curioso, voraz, descubridor de senderos. Una tela de araña quiere replegar mi ventura.
Me deslizo por la comisura de esa noble piedra, dentro, un oasis de sensaciones invaden mi ser. Me desprendo del bolso, mis manos temblorosas, apenas rozan, esa fuente de agua cristalina besando este lienzo.
Debajo del agua, una vieja armadura llena de incrustaciones. Las paredes me hablan, con esos mensajes telares de la ilustración, me adentro mas y mas.
Noto una grieta por la cual las hormigas tienen su avenida, sigo el sendero del mago, pero una música irrumpe el silencio, mi corazón atento, muestra el debido respeto.
Aguardo, aguardo, no sé del tiempo, estoy trasportado. Veo el albor de esta civilización, enormes fuentes con jardines en hermosas rocas que levitan, anillos de color zafiro unen estos paramos.
Se acerca un peregrino, no le veo el rostro, tiene un delicado traje blanco bordado con detalles en plata, injustamente brillante para lo que antes he visto.
Me obsequia su charla, aunque no veo sus labios moverse, trasmite ideas nuevas, como el soplo en la mañana, cuenta el fin de mi viaje, insiste en que no haga preguntas, medita en la respuesta dice, antes de esfumarse.
Despierto, estoy en el baño de mi casa, todo ha sido un sueño, me quede dormido a las dos de la madrugada, vuelvo a la alcoba, medio triste, porque esas maravillas, no han venido conmigo, pero estoy incomodo, esta alta la almohada.
Trato de acomodarla y para mi sorpresa, noto un bulto debajo. Lo saco apresurado, es el traje del peregrino, lo contemplo, lo acaricio, lo pruebo, descubro una piedra rara, en uno de sus bolsillos internos.
Emana una tenue música, la acerco a mi oído izquierdo, se oye el oleaje y un coro que perfuma mis sentidos, abandono mi cuerpo, soy trasportado, total oscuridad, no sé qué hacer, espero, entonces brutalmente, a una distancia intolerable, una gigante estrella nace, siento esa voz por todos lados que me dice, felicitaciones has visto el comienzo, la formación del sol, sonrío, no sé porque, pero sonrío.
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