Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
Corazón
Corazón, has de otorgar de tu plumaje escarlata,
las secuelas nativas del nido jerarca,
he volado sin tierra, me he ido lejos,
he dormido en el seno ilustre de la voz muerta…
En las entrañas dadivosas del silencio conceptual,
corazón bifurcado ¡No grites mi nombre! ¡Ah! Del hombre
que nació eximiendo su agonía.
Corazón, que con arrojo palpitas en la faz turbia
del miedo, mi boca de arena estalla, plácida boca.
El sinsabor matutino es longeva escarcha
y sediento látigo infalible, que golpea mi juventud,
¡Con pulcritud! Detente látigo Insulso,
me he ido a otra vida, con bélico rostro,
fundado en mi sentencia.
Corazón, has de otorgar de tu plumaje escarlata,
las secuelas nativas del nido jerarca,
he volado sin tierra, me he ido lejos,
he dormido en el seno ilustre de la voz muerta…
En las entrañas dadivosas del silencio conceptual,
corazón bifurcado ¡No grites mi nombre! ¡Ah! Del hombre
que nació eximiendo su agonía.
Corazón, que con arrojo palpitas en la faz turbia
del miedo, mi boca de arena estalla, plácida boca.
El sinsabor matutino es longeva escarcha
y sediento látigo infalible, que golpea mi juventud,
¡Con pulcritud! Detente látigo Insulso,
me he ido a otra vida, con bélico rostro,
fundado en mi sentencia.
Última edición:
::