Mary C. López
Una mujer de líneas y procesos.
Alba.
Bastantes tardes gastadas en caminar sobre las olas de una playa estropearon las sandalias de Alba; mas no le importaba a ella esto, era su placer personal recorrer en andar tranquilo largos kilómetros escuchando el murmullo del mar, con la caricia de la brisa en su rostro y esa danza intranquila de sus largos rizos cayendo cual cascada sobre sus hombros dorados.
A la distancia se iba su mirar, recorriendo más allá de donde sus pies podían calzar. Después llegaba siempre ahí, los peñascos blanqueados y algo húmedos por las olas q reventaban cuando la marea subía sobre ellos; ese su lugar favorito desde ahí percibía el hermoso espectáculo del sol al ocultarse; la ilusión óptica se ofrecía como una penetración del cielo mismo en candente entrega al mar… y después la oscuridad se avecinaba lentamente, sin prisas, y la espuma del mar se hacía intensa. La faz de Alba se transformaba de dulce al asombro y al punto de éxtasis cuando estaba ahí, pareciera que se trasladara a ser mar o sol.
Y así, Alba vivió mucho tiempo con su andar en el atardecer que le llevaba más de una hora, después de experimentar su dulce placer solo le tomaba unos minutos regresar, el rostro de ensoñación desaparecía y se transfiguraba en una facción dura, casi tan dura como la piedra que poco antes le sostenía, y sus pasos eran rápidos, agiles y hasta cierto punto dados con furia. Era un caminar a la realidad cruda, de tener que vivir entre laminas y cartones sintiendo sobre su dorada piel caricias carentes de ternura, el aliento de embriaguez de aquel que la había hecho mujer a temprana hora en su vida… desencanto de niña a mujer, dolores que marcaron su existir, cadena que ahorcaba sus ilusiones de joven, para hacerla vivir en la rudeza de un ambiente que nunca desearía un alma sensible y dulce como la de Alba, pero ahí estaba… golpeada por la vida y buscando su escape diario; soportando estoicamente en su ser mil torturas, así se volvió infiel, encontró un amante en ese atardecer que le hacía gozar intensamente, donde se volvía sol, mar y espuma… Alba volvería a su realidad cada madrugada, pero sus tardes ahora eran especiales.
Mary C. López
Sensibilidades en Prosa
*Experimentando.
(Quizás encuentres algo bobo el contenido, pero intento trabajar en hilar escenas y frases de la mejor manera)
Bastantes tardes gastadas en caminar sobre las olas de una playa estropearon las sandalias de Alba; mas no le importaba a ella esto, era su placer personal recorrer en andar tranquilo largos kilómetros escuchando el murmullo del mar, con la caricia de la brisa en su rostro y esa danza intranquila de sus largos rizos cayendo cual cascada sobre sus hombros dorados.
A la distancia se iba su mirar, recorriendo más allá de donde sus pies podían calzar. Después llegaba siempre ahí, los peñascos blanqueados y algo húmedos por las olas q reventaban cuando la marea subía sobre ellos; ese su lugar favorito desde ahí percibía el hermoso espectáculo del sol al ocultarse; la ilusión óptica se ofrecía como una penetración del cielo mismo en candente entrega al mar… y después la oscuridad se avecinaba lentamente, sin prisas, y la espuma del mar se hacía intensa. La faz de Alba se transformaba de dulce al asombro y al punto de éxtasis cuando estaba ahí, pareciera que se trasladara a ser mar o sol.
Y así, Alba vivió mucho tiempo con su andar en el atardecer que le llevaba más de una hora, después de experimentar su dulce placer solo le tomaba unos minutos regresar, el rostro de ensoñación desaparecía y se transfiguraba en una facción dura, casi tan dura como la piedra que poco antes le sostenía, y sus pasos eran rápidos, agiles y hasta cierto punto dados con furia. Era un caminar a la realidad cruda, de tener que vivir entre laminas y cartones sintiendo sobre su dorada piel caricias carentes de ternura, el aliento de embriaguez de aquel que la había hecho mujer a temprana hora en su vida… desencanto de niña a mujer, dolores que marcaron su existir, cadena que ahorcaba sus ilusiones de joven, para hacerla vivir en la rudeza de un ambiente que nunca desearía un alma sensible y dulce como la de Alba, pero ahí estaba… golpeada por la vida y buscando su escape diario; soportando estoicamente en su ser mil torturas, así se volvió infiel, encontró un amante en ese atardecer que le hacía gozar intensamente, donde se volvía sol, mar y espuma… Alba volvería a su realidad cada madrugada, pero sus tardes ahora eran especiales.
Mary C. López
Sensibilidades en Prosa
*Experimentando.
(Quizás encuentres algo bobo el contenido, pero intento trabajar en hilar escenas y frases de la mejor manera)
Última edición: