Fedecardenas
Poeta recién llegado
Desamor
Marchitada está la Rosa,
que camina calle abajo,
no pregunta yá la hora,
no come en casa los sábados.
Pide a gritos su condena,
mas vivir ya no requiere,
pués su Ángel no la espera,
y élla casi lo prefiere.
Condenados a vivir,
uno y otro, lado a lado,
se deshacen en mentir,
pués no están enamorados.
Ya no queda más misterio,
ya no cae en el calendario,
otro día sin remedio,
para estar siempre enfrentados.
Uno vive de sus rentas,
haciendo gala de sus alas,
la otra vive casi en Cuenca,
soñando quién "a Rosa engalana...".
Ya no prenden ese amor,
que a bailar juntos llevaba,
que paseando por las Ramblas,
mas que caminar, volaban.
Sólo queda indiferencia,
ni fuerzas para borrar pasado,
pero siguen bajo una puerta,
condena que amor ha dictado.
¿Salvarán su experiencia?
¿Admitirán su gran pecado?
¿O serán como el verde río,
que jamás será océano?....
Marchitada está la Rosa,
que camina calle abajo,
no pregunta yá la hora,
no come en casa los sábados.
Pide a gritos su condena,
mas vivir ya no requiere,
pués su Ángel no la espera,
y élla casi lo prefiere.
Condenados a vivir,
uno y otro, lado a lado,
se deshacen en mentir,
pués no están enamorados.
Ya no queda más misterio,
ya no cae en el calendario,
otro día sin remedio,
para estar siempre enfrentados.
Uno vive de sus rentas,
haciendo gala de sus alas,
la otra vive casi en Cuenca,
soñando quién "a Rosa engalana...".
Ya no prenden ese amor,
que a bailar juntos llevaba,
que paseando por las Ramblas,
mas que caminar, volaban.
Sólo queda indiferencia,
ni fuerzas para borrar pasado,
pero siguen bajo una puerta,
condena que amor ha dictado.
¿Salvarán su experiencia?
¿Admitirán su gran pecado?
¿O serán como el verde río,
que jamás será océano?....
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