Leah
Poeta asiduo al portal
En mis sueños imagino que estas posado dulcemente en mi pecho.
He muerto una y mil veces,
me he clavado una y otra vez la misma estaca,
me he encajado un rosa con espinas,
mientras andaba en busca una sin ellas.
He muerto por ti lo admito,
no lo niego ni me enorgullezco,
tú has sido mi cura y mi veneno,
esa muerte lenta que yo deseo.
Lo hago sin esmero,
se que no puedo,
no tengo miedo,
gano siempre el juego.
Es una locura coherente,
trato de seguir la razón,
pero el corazón no entiende de ella,
el siempre me lleva.
A veces se muere poco a poco mi alma
y otras veces se muere una parte de mi corazón,
poco a poco voy perdiendo el rumbo,
el sufrimiento opaca la luz de mi corazón.
Esta sería otra triste historia de amor,
el asesinato de dos enamorados,
el suicidio de una pasión,
el corazón estaría cortado o colgado.
Nos cortaríamos las venas
con el filo de un pétalo de una rosa,
nos ahogaríamos en el vino,
¡Alcohol para quitar el dolor!
Nos sumergimos en ese mar negro,
en ese que deja el dolor,
que el arcoíris pierde su color
y nosotros nos volvemos daltónicos.
En esos momentos detestamos
las canciones de amor,
odiamos a todos los enamorados,
queremos sentir un beso de nuestro cruel amado.
¿Quién dijo que el amor no duele?
si cada día ese dolor se intensifica,
que ese dolor nos hace perder la cordura,
que poco a poco llegamos a la locura.
Las horas nos parecen años,
que los segundos son semanas,
que cada día es surrealista,
que no hayamos la salida.
Comemos puras golosinas,
que nuestra dieta se basa,
de chocolate y helados,
seguidos por un vino blanco.
No podemos completar una frase,
la magia se fue nos llevo con ella,
la inspiración esta muerta,
nuestra musa desapareció.
He muerto una y mil veces,
me he clavado una y otra vez la misma estaca,
me he encajado un rosa con espinas,
mientras andaba en busca una sin ellas.
He muerto por ti lo admito,
no lo niego ni me enorgullezco,
tú has sido mi cura y mi veneno,
esa muerte lenta que yo deseo.
Lo hago sin esmero,
se que no puedo,
no tengo miedo,
gano siempre el juego.
Es una locura coherente,
trato de seguir la razón,
pero el corazón no entiende de ella,
el siempre me lleva.
A veces se muere poco a poco mi alma
y otras veces se muere una parte de mi corazón,
poco a poco voy perdiendo el rumbo,
el sufrimiento opaca la luz de mi corazón.
Esta sería otra triste historia de amor,
el asesinato de dos enamorados,
el suicidio de una pasión,
el corazón estaría cortado o colgado.
Nos cortaríamos las venas
con el filo de un pétalo de una rosa,
nos ahogaríamos en el vino,
¡Alcohol para quitar el dolor!
Nos sumergimos en ese mar negro,
en ese que deja el dolor,
que el arcoíris pierde su color
y nosotros nos volvemos daltónicos.
En esos momentos detestamos
las canciones de amor,
odiamos a todos los enamorados,
queremos sentir un beso de nuestro cruel amado.
¿Quién dijo que el amor no duele?
si cada día ese dolor se intensifica,
que ese dolor nos hace perder la cordura,
que poco a poco llegamos a la locura.
Las horas nos parecen años,
que los segundos son semanas,
que cada día es surrealista,
que no hayamos la salida.
Comemos puras golosinas,
que nuestra dieta se basa,
de chocolate y helados,
seguidos por un vino blanco.
No podemos completar una frase,
la magia se fue nos llevo con ella,
la inspiración esta muerta,
nuestra musa desapareció.
Es la muerte de un sentimiento,
la muerte de una ilusión,
la muerte de nuestros sueños
y tristemente la muerte de un amor.
la muerte de una ilusión,
la muerte de nuestros sueños
y tristemente la muerte de un amor.
Edilexys Ramírez
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