Inmolada
El cierzo roza la orfandad del labio
que clama la presencia de su boca
y en la penumbra tímida lo evoca
mi voz cautiva en su silencio sabio.
Apenas si respiro con resabio
su indiferencia que me vuelve loca
y el querellante mudo me provoca
con su sensual mirada en desagravio.
Se cuela entre las sombras su avaricia
y el ósculo perpetuo es la constante
que afina los detalles de contienda.
Al instante reparo en su pericia
al inmolarme con su ardid de amante
y en breve en su santuario soy la ofrenda.
2012, mayo 4
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