Alberto Amaris
Poeta que considera el portal su segunda casa

Inquietos mis pensamientos viajan a lo lejos
al altar recóndito de la resignación
sepultando en los labios, cadáveres de besos
y de alegrías mezquinas, pidiendo perdón.
Miraba en uno ojo, cuál cegada la vida
pidiendo a la muerte se apodere de mí
entregando mi cuerpo a pasiones prohibidas
me entregue ciegamente y de tonto perdí
Y me fui tras su huella muy detrás de la brisa
entre sombras sumisas la suya extravió
borré el sendero con mi ajada camisa,
dormido el recuerdo de su sombra quedó.
Regresé nuevamente a mi antiguo destino
pero la amante en pasado jamás regresó
histriónicamente, reía a diario el aviso
tu mujer la culpable, y tu tonta adicción.
Por el otro ojo miraba, extraviada la luna
maldiciendo el pecado que partí a buscar
mirando debajo de la falda de algunas
y al mirarla alejada, me fui a resignar.
Viajaban mis recuerdos al pasado distante
de todas las golondrinas ninguna quedó
sepultar a los besos y los tontos ataques,
de ser el casanova o el chico play boy.
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