yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Antes de empezar a arder,
quiero cincelarte así,
en aquella tarde turbia
cuando despeinábamos agosto
y la piel de tus mejillas
ostentaba aroma de guayabas
casi sobre una nube,
¿recuerdas que incendiábamos las rocas
con besos de cerveza?...
En aquel entonces vestías
la piel equivocada
y te encantaba andar desnuda
sobre un horizonte de pájaros
que llevaban en el pico banderas arrobadas;
en aquel entonces no había entonces
ni sed, ni hambre, ni gracia
que mi sed en tu saliva no abrevara
y fuimos cayendo presos
en cafés de madrugada,
mientras algunos pájaros maliciosos
emigraban de tus manos,
en aquel agosto angosto.
Y ahora que amortajo
lo frio de tus pisadas por senderos de inviernos
presagiados,
es posible cobijar angustias en el confín de tu ventana,
pero,
¿ habrá de ser tu ventana un espejo carcelario
que repite las nueve veinte cada vez que intento
dibujarte?
Este año ha comenzado a parir primaveras embozadas,
entonces tu risa de niña ebria y combativa
distrae de sus labores a enjambres de abejas
despeinadas,
y el zum-zum de tus pisadas
me ponen de vuelta en el limite de tu labio absuelto
y victimario
de todos los milagros en los que te envolviste
cuando llegaste a mi,
una mañana de agosto,
angosta y despiadada.
Tres veces lejana,
absuelta,
incendiada,
blandiendo espumas como espadas,
poniendo la fe en tu ojo izquierdo
y carcomiendo el deseo con tus palabras
lustrosas de silencio...
equivocadas.
quiero cincelarte así,
en aquella tarde turbia
cuando despeinábamos agosto
y la piel de tus mejillas
ostentaba aroma de guayabas
casi sobre una nube,
¿recuerdas que incendiábamos las rocas
con besos de cerveza?...
En aquel entonces vestías
la piel equivocada
y te encantaba andar desnuda
sobre un horizonte de pájaros
que llevaban en el pico banderas arrobadas;
en aquel entonces no había entonces
ni sed, ni hambre, ni gracia
que mi sed en tu saliva no abrevara
y fuimos cayendo presos
en cafés de madrugada,
mientras algunos pájaros maliciosos
emigraban de tus manos,
en aquel agosto angosto.
Y ahora que amortajo
lo frio de tus pisadas por senderos de inviernos
presagiados,
es posible cobijar angustias en el confín de tu ventana,
pero,
¿ habrá de ser tu ventana un espejo carcelario
que repite las nueve veinte cada vez que intento
dibujarte?
Este año ha comenzado a parir primaveras embozadas,
entonces tu risa de niña ebria y combativa
distrae de sus labores a enjambres de abejas
despeinadas,
y el zum-zum de tus pisadas
me ponen de vuelta en el limite de tu labio absuelto
y victimario
de todos los milagros en los que te envolviste
cuando llegaste a mi,
una mañana de agosto,
angosta y despiadada.
Tres veces lejana,
absuelta,
incendiada,
blandiendo espumas como espadas,
poniendo la fe en tu ojo izquierdo
y carcomiendo el deseo con tus palabras
lustrosas de silencio...
equivocadas.
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