Ahora no tengo miedo de manifestar. ¿Cuántas veces nos hemos guardado un pensamiento o comentario por miedo a las respuestas de la gente? Aunque tengamos argumentos para defender nuestra postura, nos reprimimos a nosotros mismos dejando nuestras premisas guardadas. Después nos arrepentimos de habernos quedado callados, sin embargo volveríamos a permanecer mudos si se repitiera la situación. Es una especie de pánico expresivo que nos ataca cuando estamos rodeados de gente que no nos entrega una confianza absoluta. Incluso a veces nos ocurre con los más cercanos a nuestra intimidad.
Lo positivo es que no todo termina ahí. Tenemos a nuestra mano, literalmente, uno de los mejores placeres, que por lo demás es gratuito. Podemos tomar un lápiz y una hoja, y plantarnos el tiempo que deseemos necesario para votar todo eso que hemos aguantado en nuestro interior durante tanto tiempo. No se necesita un profesor que nos enseñe como hacerlo, ni un guía que nos dirija a la hora de escribir. No existen normas ni penalizaciones que te prohíban anotar lo que pienses. Es de las pocas cosas que podemos hacer totalmente libres.
Su objetivo no va a ser ganar aplausos del prójimo. Va a ser la aclamación a nuestro ser. A por fin soltar tantas horas de pensamientos guardados. Nunca es tarde para empezar, es tan simple como abrir el sagrado cofre de ideas que tenemos custodiado y sacarlas una a una con precaución. Luego solo queda intentar e intentar. La inspiración no requiere de forzamientos porque va a llegar sola mientras lo pruebes. Podemos preguntarnos acerca de su utilidad. ¿Qué ganamos al escribir?, pero es más apropiado preguntarse ¿qué perdemos al escribir?
Lo positivo es que no todo termina ahí. Tenemos a nuestra mano, literalmente, uno de los mejores placeres, que por lo demás es gratuito. Podemos tomar un lápiz y una hoja, y plantarnos el tiempo que deseemos necesario para votar todo eso que hemos aguantado en nuestro interior durante tanto tiempo. No se necesita un profesor que nos enseñe como hacerlo, ni un guía que nos dirija a la hora de escribir. No existen normas ni penalizaciones que te prohíban anotar lo que pienses. Es de las pocas cosas que podemos hacer totalmente libres.
Su objetivo no va a ser ganar aplausos del prójimo. Va a ser la aclamación a nuestro ser. A por fin soltar tantas horas de pensamientos guardados. Nunca es tarde para empezar, es tan simple como abrir el sagrado cofre de ideas que tenemos custodiado y sacarlas una a una con precaución. Luego solo queda intentar e intentar. La inspiración no requiere de forzamientos porque va a llegar sola mientras lo pruebes. Podemos preguntarnos acerca de su utilidad. ¿Qué ganamos al escribir?, pero es más apropiado preguntarse ¿qué perdemos al escribir?
Última edición: