Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Dedicado a todos los trabajadores
de la organización nacional de ciegos
españoles, y a todas las personas
que padezcan alguna discapacidad.
Vendedor de la ONCE
La mayor carga para el hombre
no es morir,
sino los intereses bancarios.
La ley del hambre
no está hecha para salvaguardar
los derechos individuales y colectivos,
sino parea alimentar al sistema.
Desde que me enteré que existe
ando al tanto como un ciego,
por saber que lo invisible,
cuando insiste, no lo niego.
Ni a los ángeles
ni demonios,
ni a los nerones
ni a los antonios;
ni a los leones
ni macedonios;
ni a reyes y emperadores,
ni a los brebajes lacedemonios,
daré más crédito y bagaje,
que lo posible en su polinomio.
Y así, me senté en el trono
mientras pasaba,
¡cuánta vida!,
¡cuánta hambre!,
¡cuánta lana!
Subí al puente de azor,
observé un poniente cercano,
un ocaso de sol,
un oriente de amor
y un gran astro lejano.
Insistí en que toda grey,
al pensar en más de dos,
tenga o no poder
también se cree dios.
Pero yo no apunto tan alto,
y sólo quiero ser marinero,
aunque sea de curso base;
soñar con dormir al raso,
ser al azar jornalero
en los bucles y los bares.
Y cuando sea marinero,
me haré un tatuaje
que diga: Te quiero
Amor de Madre
Como buen marinero,
seré un marinero del mar,
un marinero de puertos,
un marinero de sal.
Y si el mar no se hizo para ciegos
seré vendedor de la ONCE,
con un letrero que anuncie:
siempre suele tocar
de la organización nacional de ciegos
españoles, y a todas las personas
que padezcan alguna discapacidad.
Vendedor de la ONCE
La mayor carga para el hombre
no es morir,
sino los intereses bancarios.
La ley del hambre
no está hecha para salvaguardar
los derechos individuales y colectivos,
sino parea alimentar al sistema.
Desde que me enteré que existe
ando al tanto como un ciego,
por saber que lo invisible,
cuando insiste, no lo niego.
Ni a los ángeles
ni demonios,
ni a los nerones
ni a los antonios;
ni a los leones
ni macedonios;
ni a reyes y emperadores,
ni a los brebajes lacedemonios,
daré más crédito y bagaje,
que lo posible en su polinomio.
Y así, me senté en el trono
mientras pasaba,
¡cuánta vida!,
¡cuánta hambre!,
¡cuánta lana!
Subí al puente de azor,
observé un poniente cercano,
un ocaso de sol,
un oriente de amor
y un gran astro lejano.
Insistí en que toda grey,
al pensar en más de dos,
tenga o no poder
también se cree dios.
Pero yo no apunto tan alto,
y sólo quiero ser marinero,
aunque sea de curso base;
soñar con dormir al raso,
ser al azar jornalero
en los bucles y los bares.
Y cuando sea marinero,
me haré un tatuaje
que diga: Te quiero
Amor de Madre
Como buen marinero,
seré un marinero del mar,
un marinero de puertos,
un marinero de sal.
Y si el mar no se hizo para ciegos
seré vendedor de la ONCE,
con un letrero que anuncie:
siempre suele tocar