nube blanca
Poeta que no puede vivir sin el portal
El suave tacto de tus manos,
mi piel con delicadeza acariciaban
y entre mi pelo tus dedos
con destreza se deslizaban.
Recorrías todo mi cuerpo,
palmo a palmo lo besabas,
era tanto tu deseo
que solo oía decirte que me amabas.
Me desgarrabas mi ropa
con toda sensualidad,
cuando llegaba el momento
que nos queríamos amar de verdad.
Entre risas y caricias
nos jurábamos entrega desenfrenada,
que no faltara nunca el aliento
para no dejar de amarnos por nada.