11. LA ISLA MAGA
Cruzaba El Peloponeso
en el tren y con mochila.
Era un día de verano
que con Satán competía.
Los olivares estaban
madurando sus olivas,
y en el pueblo de Killini
la siesta el griego dormía.
Nuestro caballo de hierro,
la carrera detenida,
resoplaba su galope
con silbidos de alegría.
Mis dos amigos y yo
bajamos en comitiva
y atravesamos despacio
aquella pequeña villa.
Seguimos por un sendero
disfrutando de las vistas.
Los pinos con sus aromas,
los pajarillos que trinan,
las nubes deshilachadas...
Las tenues y suaves brisas
que transportan con dulzura
sutil fragancia marina.
Entre las rocas, la cala
nos daba la bienvenida,
con su color amarillo
y aquella arena tan fina.
El poniente reflejaba
un sol que ya se ponía
sobre el espejo del mar
que, estremeciéndose, brilla.
El horizonte está claro,
los rayos del sol declinan,
el cielo y el mar son uno,
con un trazo se perfilan.
Los últimos estertores
de este día que agoniza
tiñen los cielos de malvas
y a las aguas acarician.
El último rayo muere,
ya la luz es mortecina,
cuando en ese mismo instante
las almas se paralizan...
Contra el lejano horizonte
su silueta se divisa:
-Isla Maga que apareces
donde nada antes había,
es el sol a contraluz
quien tu aparición obliga-
Extasiados en la arena,
con las miradas perdidas,
despedimos a la Maga
ya en la noche sumergida...
xxx
Churrete
NOTA: Es rigurosamente cierto que en julio de 1985, en la playa de Killini, Grecia, la que hoy es mi esposa, un amigo argentino, y yo mismo, tuvimos la ocasión de ver surgir de la nada un isla que antes no estaba allí. Tardamos algo en darnos cuenta de que la isla estaba más allá del "horizonte visible", y sólo tras la puesta de sol, cuando los rayos la iluminaban "desde atrás", se podía ver su silueta recortada, al interponerse entre el sol y nosotros. Lo también sorprendente es que parecía estar muy cerca. El impresionante fenómeno duró unos veinte minutos, hasta que las tinieblas de la noche hicieron desaparecer de nuevo a nuestra
"Isla Maga".
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