Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
No sé por qué
mis dedos tomaron vida propia
y decidieron por su cuenta
adentrarse en tu espesura.
No sé por qué
luego le siguieron mis labios
y tras ellos mil suspiros
anunciando mi derrota.
No se por qué
me encontré de repente,
cabalgando contigo madrugadas
mientras con tu mirada encendida,
me descosías el alma.
No sé por qué,
ni pretendo, ni quiero saberlo.
De las promesas febriles
que vertimos en la alcoba,
nada queda al llegar la mañana
sino el pliegue esquivo,
que me dejaron las sábanas.
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