eduardocarpio
Poeta adicto al portal
... EL CIELO EN SUS ALAS
Los huecos con luces
de aquellas ventanas,
henchidos colores,
sus ojos buscaban;
ni vanos, ni grietas
veían; giraldas
en días pasmados
de brisas esclavas,
bochorno en arrugas
de piel que agotada
asoma los huesos
y en tránsito el alma
refleja en el lecho,
la desesperanza.
¡ Qué tristeza lánguida
desvaía el alba !
Aquí repararon,
que el bulto en la cama,
ya no se movía,
ni queja, ni traza
bajo el algodón
de la propia sábana;
la quietud del aire,
el muerto y mortaja,
como ajenos lirios
en cuencas extrañas,
lustran epitafios.
Fue paño del agua
- hoy vuelto sudario -
en mármol y plata,
orla del bautizo
que inicia la danza:
girar con el mundo,
correr por las playas,
llenando las venas
de sangre encantada,
de sol las pupilas
y al tiempo, mudanza,
germinarán suelos.
Tañerán campanas,
y unos maldiciendo
verán llamaradas
y otros con alivio
oirán sosegadas;
mortales al fin,
a Él vuelven rasas
las telas y carnes,
ya tierra en las cajas,
ya nuestras cenizas.
Se sabe macabra,
penetra los sueños,
tristeza cercana,
maldita destruye
la vida arraigada;
y siempre es innoble
si viene temprana,
pero es de justicia
oír su campaña:
¡ idéntico trato
a todos iguala !
Donde las estrellas,
Dios, que no desmaya,
le pone al suspiro
el cielo en sus alas.
eduardocarpio
23 de junio de 2012
Los huecos con luces
de aquellas ventanas,
henchidos colores,
sus ojos buscaban;
ni vanos, ni grietas
veían; giraldas
en días pasmados
de brisas esclavas,
bochorno en arrugas
de piel que agotada
asoma los huesos
y en tránsito el alma
refleja en el lecho,
la desesperanza.
¡ Qué tristeza lánguida
desvaía el alba !
Aquí repararon,
que el bulto en la cama,
ya no se movía,
ni queja, ni traza
bajo el algodón
de la propia sábana;
la quietud del aire,
el muerto y mortaja,
como ajenos lirios
en cuencas extrañas,
lustran epitafios.
Fue paño del agua
- hoy vuelto sudario -
en mármol y plata,
orla del bautizo
que inicia la danza:
girar con el mundo,
correr por las playas,
llenando las venas
de sangre encantada,
de sol las pupilas
y al tiempo, mudanza,
germinarán suelos.
Tañerán campanas,
y unos maldiciendo
verán llamaradas
y otros con alivio
oirán sosegadas;
mortales al fin,
a Él vuelven rasas
las telas y carnes,
ya tierra en las cajas,
ya nuestras cenizas.
Se sabe macabra,
penetra los sueños,
tristeza cercana,
maldita destruye
la vida arraigada;
y siempre es innoble
si viene temprana,
pero es de justicia
oír su campaña:
¡ idéntico trato
a todos iguala !
Donde las estrellas,
Dios, que no desmaya,
le pone al suspiro
el cielo en sus alas.
eduardocarpio
23 de junio de 2012