Love Craft
Poeta asiduo al portal
El pianista
…las piedras preciosas que se ocultaban, - las flores que miraban ya.
Después del diluvio, ArthurRimbaud
Cuando el atardecer queda suspenso en las negras uñas bruñidas, las lágrimas llenan el vacío espacio circular. Cuando los destemplados dedos del clima lustren las calles o el río, brota un árbol-campana sin Iglesia, ya que su sangre campanea lejos de la cruz con infinitas escaleras: un peldaño a oír, un color a escandir, una tecla de hundido marfil. Y así mojados descasan.
Son el rocío matutino un velorio para la libre expresión: el césped no desea sentido ser su nocturno gimoteo, y la tímida poesía agita el granate ensordecedor: es el asesino corazón. Llora rocío, llora vergüenza, tras las cortinas marfil.
Deberás aceptar, por nunca llover eterno aprenderás a imitar su sonrisa esbelta; los dientes no salivarán tormentas, jamás serán el asfalto río fértil. Siempre los peces fantasean en su tedio caminar sobre cerámicas hidratadas.
Una pestaña dilatada balbucea colmillos.
Son los bosques músicos, pianistas, cuando las regueras tiritan y hunden las hojas el diamante con su desliz barítono, con sus varas de uña y carne.
No mueren, no se escapan, no viven: es el sangrante eco.
Y ahora son maestros, artistas. Las aleladas aletas amasan el cerebelo cuando los cinceles martillean una foto descolorida, una sonrisa vacía. Pierden el sentimiento, amando por igual lluvia sin humedecer el barro y las teclas.
…las piedras preciosas que se ocultaban, - las flores que miraban ya.
Después del diluvio, ArthurRimbaud
Cuando el atardecer queda suspenso en las negras uñas bruñidas, las lágrimas llenan el vacío espacio circular. Cuando los destemplados dedos del clima lustren las calles o el río, brota un árbol-campana sin Iglesia, ya que su sangre campanea lejos de la cruz con infinitas escaleras: un peldaño a oír, un color a escandir, una tecla de hundido marfil. Y así mojados descasan.
Son el rocío matutino un velorio para la libre expresión: el césped no desea sentido ser su nocturno gimoteo, y la tímida poesía agita el granate ensordecedor: es el asesino corazón. Llora rocío, llora vergüenza, tras las cortinas marfil.
Deberás aceptar, por nunca llover eterno aprenderás a imitar su sonrisa esbelta; los dientes no salivarán tormentas, jamás serán el asfalto río fértil. Siempre los peces fantasean en su tedio caminar sobre cerámicas hidratadas.
Una pestaña dilatada balbucea colmillos.
Son los bosques músicos, pianistas, cuando las regueras tiritan y hunden las hojas el diamante con su desliz barítono, con sus varas de uña y carne.
No mueren, no se escapan, no viven: es el sangrante eco.
Y ahora son maestros, artistas. Las aleladas aletas amasan el cerebelo cuando los cinceles martillean una foto descolorida, una sonrisa vacía. Pierden el sentimiento, amando por igual lluvia sin humedecer el barro y las teclas.
Última edición:
::ARIANA
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