sara0305
Poeta fiel al portal
La indiferencia consiste en:
Oler las rosas sin pensar en las manos que las podó
ver las canas de tu madre y no amarla un poco más.
Recibir una carta anónima y no preguntarte
por la mano desnudando su alma en una máscara,
Leer las noticias y no tener una utopía,
escuchar a los pájaros sin que te crezcan alas.
Sentir el viento y no recordar una caricia,
Recibir un beso sin desear la eternidad,
Reir sin que te duela la última mariposa de la panza.
No, no es necesario esperar grandes acontecimientos
para sentir la vida como un elixir de milagros en cada paso.
No es necesario esperar grandes catástrofes
para conmover a tus lágrimas hasta que lluevan.
No, no es necesario
Y siempre me pregunto:
¿Por qué aconsejar hacernos fuertes
hasta dejar de lado esa humanidad que nos ennoblece?
Tanta fortaleza encarcelando nuestra alma
tantos barrotes impidiéndonos ser libres;
libres de nosotros mismos y esos guardias
cayéndonos a golpes cuando queremos
despojarnos de todos esos harapos mugrientos
impuestos por la sociedad y las buenas costumbres.
Sara Montaño
Derechos Reservados
Oler las rosas sin pensar en las manos que las podó
ver las canas de tu madre y no amarla un poco más.
Recibir una carta anónima y no preguntarte
por la mano desnudando su alma en una máscara,
Leer las noticias y no tener una utopía,
escuchar a los pájaros sin que te crezcan alas.
Sentir el viento y no recordar una caricia,
Recibir un beso sin desear la eternidad,
Reir sin que te duela la última mariposa de la panza.
No, no es necesario esperar grandes acontecimientos
para sentir la vida como un elixir de milagros en cada paso.
No es necesario esperar grandes catástrofes
para conmover a tus lágrimas hasta que lluevan.
No, no es necesario
Y siempre me pregunto:
¿Por qué aconsejar hacernos fuertes
hasta dejar de lado esa humanidad que nos ennoblece?
Tanta fortaleza encarcelando nuestra alma
tantos barrotes impidiéndonos ser libres;
libres de nosotros mismos y esos guardias
cayéndonos a golpes cuando queremos
despojarnos de todos esos harapos mugrientos
impuestos por la sociedad y las buenas costumbres.
Sara Montaño
Derechos Reservados
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