Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
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No sé porqué presiento -demonios, odio los presentimientos- qué la sonrisa que le nació a mi corazón este martes tres de julio que estuve a tu lado durará poco, será breve, será como agua clara de remanso fresco pero poca. Y sin embargo, me aferro a ella aunque pierdan el toque de melancolía mis dedos y se termine para mí la luna cursi secuestradora de sueños.
Supongo luego existes, y tomaré del brillo de tus ojos gotas de amnesia en medio vaso de agua y me lo beberé, claro, sin hielo. O mejor aún, depositaré por si acaso en la gaveta los poemas de amor y desamor que no te he escrito y que comienzan con la letra de tu nombre y los condenaré a llave perpetua, los demás, que sean alimento para el cesto de la esquina en la recamara, y entonces; una hoja arrugada sin clemencia –te quiero-, y luego la otra –sí, te quiero-, y que sacié el cesto su hambre hasta que el vomito me llegue y ya no me recuerde aquien carajos le he escrito tanto.
Y soñaré con tus pasos a mi lado y diosquiera que yo aparezca en tus sueños por la noche y quepa en tus sueños por el día.
Voy abrir una libreta con tu nombre y será la única vez que lo escriba, después dibujaré corazones y sonrisas y poemas, seguramente desdichas y perdones y ojalá albricias, aprenderé a deletrearlo al derecho y pensaré en ti más de la cuenta y que Dios reparta suerte y que sea bella y ojalá te quedes para hacer de ti mi credo…
Due04.07.12 en un anoche en que la luna de pecho parece buena.
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