José A. Guerrero
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aún de madrugada, el gallo canta;
él... Despierta, bosteza y se levanta.
Agradece a Dios por el nuevo día,
luego desayuna, no quiere llevarse la panza vacía.
Toma el azadón, la lima; el agua, el machete;
y a su linda esposa besa en el cachete.
Se aleja de prisa rumbo a su parcela
y sobre el camino dibuja su estela.
Al par de la aurora llega al sembradío,
y lo encuentra alegre, lleno de rocío.
Comienza contento la ardua tarea
de quitar la hierba, de arrimar la tierra,
por todos los surcos su estampa pasea.
A media mañana le llega el almuerzo,
sus hijos trajeron, tacos, rico atole,
y comer con ellos compensa su esfuerzo.
Sigue la jornada ya calienta el sol,
levanta la cara, se seca el sudor,
e implora por lluvias para su labor.
Con el sol cayendo regresa cansado,
pero satisfecho por lo trabajado.
Lo ven desde lejos, el perro y sus hijos,
salen a encontrarlo con gran regocijo,
le hacen una fiesta y eso lo reanima,
el más grandecito le arrima una silla
y el más pequeñito le hace cosquillas,
el ríe contento y a su esposa besa
y van a bañarse gustosos al río.
¡Viva la familia! ¡es bella la escena!
después todos juntos disfrutan la cena.
Da gracias a Dios por el día vivido,
mira las estrellas del cielo divino
y se va a dormir sintiendo que ha sido...
Un grandioso día... ¡Bravo campesino!
José A. Guerrero.
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