Citas cartografiadas del fin del mundo

donalph

Poeta recién llegado
El saludo te incluye por lo fuerte de los lazos. Pero no excluye a otros de su tajada.
Va por todos a la vez y los recorre como número creciente.
Si no he podido enviar una postal es porque me atrapar...on los paisajes
con su cielo encerrado en acertijos. Vida que me resulta difícil de compartir
y de llevar, que solo puedo acercar un poco antes de perderme en su horizonte.

Me dices en tu carta, cito: “tu silencio a derivado en canción”. No lo diría en ese tono,
lo cierto es que no escuché ningún verso,
me la pasé en una prosa de lecturas titubeando, tartamudeando silencios.
Me devolviste la mejilla abofeteada por el centro de la oreja, pude oír su aplauso
por mis ritmos, también recorridos inversamente como número creciente.

Mi amigo, el poeta, a quien también distribuyo una tajada de este saludo, me hablo de ti
la vez que cruzaron ocasiones. Me reveló el contenido de la situación y tus preguntas doloridas
sobre el ayer insano con su precaria condición de presente.

Era la edad que no era, lo sé, pero pudiste ser discreta, aunque sea para aligerarme el vértigo.
En cuanto a mi saludo, quiero que se lo pases como sarampión a un enemigo particular,
contratada de mercenaria para contra su deseo darle la mejilla que me devolviste,
ahora que me acerco a los treintaitrés.

Cito: “este enemigo me puso una poción que me decreció el cabello enormemente
mientras me empequeñecía el trato con la grandeza”. En la carta de la semana pasada,
tu hermana hace referencia a mi cita, casi una venia a mi poesía, anota con dulzura. Es de él,
afirma la bribona, mi engreída salta por mi causa, pide clemencia a cada instante.

Pero bueno, el tiempo ha desbordado, desde entonces. Dios creó el mundo en menos
de una semana. Luego, nos puso a trabajar por toda la eternidad.
Lo hemos discutido, errando con delicia mientras nos quejamos a cada paso,
cómo se disfruta la vida ciegamente.

He recibido varias cartas por todo mi cuerpo, pero nunca encontré la que buscaba.
Ésa estaba en una foto, dentro de una canción. La puse allí con cuidado en nuestra juventud,
debes recordarla bien, la tomamos de tu belleza para crisparla de atenciones y huirla
de todo lo impuro, la sequé del calor de tu cuerpo y la mantuve en los colores por debajo
de las gradas de nuestro antiguo siglo, cuando despertamos en el nuevo se había esfumado
y con ella toda nuestra historia juntos.

Saludo también a atónitas bocas abiertas, aún siendo su alimento, pues de algún modo,
cada cierto tiempo se hacía retrocedido. Era posible para mí, llegar a donde quisiera.
Esto quedó.

En la nueva era me llamas para contarme lo que has escrito y te remontas al papel como yo,
vives escondida en tu idea, descubres su realización en otros medios sofisticados y reniegas
de las penas de tu alma, yo las gozo indiferente.

No puede ser, algo ha caído al piso y hecho un hueco, estás hecha un lío, pero mañana
por la mañana lo olvidarás todo y tendré que volver a existir.

Mi ferviente animador me reclama, cito: “éste no es un poema sino palpitaciones extrovertidas
del alma”. Me suena tan bien, que no cambio una sola parte desnuda, las mantengo
para siempre como hijas arrinconadas a mi espíritu, pobre de su madre conjunta
que no habrá de soportarlas,
cargo con el fardo que las hizo nacer y lo aviento al agujero de la muerte.

En este punto cabe no añadir nada ni estirar la pata de ningún muerto
que pretenda domarme, subirse a la vida acomodado en mi lomo. El lomo del diablo
es tan resbaladizo como un tobogán, pretendo entretenerme en tal parque de diversiones.
La crítica de mi animador enaltece los últimos eclipses, dando brillo a la circunferencia
para cerrar un ciclo con el fondo rasgado infinitamente.

Reparo, traigo algo en el bolsillo de la camisa es un papel electrónico haciéndome electroshocks
al corazón. Vuelvo a los latidos y unas lápidas me ponen “poeta” en su obituario lúgubre.
El poema circula alrededor y se eleva rodando como un astro fuera de control
que el poeta no domina mínimamente. Se atiene a las consecuencias este mártir de su destino.
La bruma de la soledad amarillenta cada sensación sonrosada, no se vuelve a sentir,
el origen se clava en una cruz, cuando hasta la resurrección ha terminado.
 
Última edición:
El saludo te incluye por lo fuerte de los lazos. Pero no excluye a otros de su tajada.
Va por todos a la vez y los recorre como número creciente.
Si no he podido enviar una postal es porque me atrapar...on los paisajes
con su cielo encerrado en acertijos. Vida que me resulta difícil de compartir
y de llevar, que solo puedo acercar un poco antes de perderme en su horizonte.

Me dices en tu carta, cito: “tu silencio a derivado en canción”. No lo diría en ese tono,
lo cierto es que no escuché ningún verso,
me la pasé en una prosa de lecturas titubeando, tartamudeando silencios.
Me devolviste la mejilla abofeteada por el centro de la oreja, pude oír su aplauso
por mis ritmos, también recorridos inversamente como número creciente.

Mi amigo, el poeta, a quien también distribuyo una tajada de este saludo, me hablo de ti
la vez que cruzaron ocasiones. Me reveló el contenido de la situación y tus preguntas doloridas
sobre el ayer insano con su precaria condición de presente.

Era la edad que no era, lo sé, pero pudiste ser discreta, aunque sea para aligerarme el vértigo.
En cuanto a mi saludo, quiero que se lo pases como sarampión a un enemigo particular,
contratada de mercenaria para contra su deseo darle la mejilla que me devolviste,
ahora que me acerco a los treintaitrés.

Cito: “este enemigo me puso una poción que me decreció el cabello enormemente
mientras me empequeñecía el trato con la grandeza”. En la carta de la semana pasada,
tu hermana hace referencia a mi cita, casi una venia a mi poesía, anota con dulzura. Es de él,
afirma la bribona, mi engreída salta por mi causa, pide clemencia a cada instante.

Pero bueno, el tiempo ha desbordado, desde entonces. Dios creó el mundo en menos
de una semana. Luego, nos puso a trabajar por toda la eternidad.
Lo hemos discutido, errando con delicia mientras nos quejamos a cada paso,
cómo se disfruta la vida ciegamente.

He recibido varias cartas por todo mi cuerpo, pero nunca encontré la que buscaba.
Ésa estaba en una foto, dentro de una canción. La puse allí con cuidado en nuestra juventud,
debes recordarla bien, la tomamos de tu belleza para crisparla de atenciones y huirla
de todo lo impuro, la sequé del calor de tu cuerpo y la mantuve en los colores por debajo
de las gradas de nuestro antiguo siglo, cuando despertamos en el nuevo se había esfumado
y con ella toda nuestra historia juntos.

Saludo también a atónitas bocas abiertas, aún siendo su alimento, pues de algún modo,
cada cierto tiempo se hacía retrocedido. Era posible para mí, llegar a donde quisiera.
Esto quedó.

En la nueva era me llamas para contarme lo que has escrito y te remontas al papel como yo,
vives escondida en tu idea, descubres su realización en otros medios sofisticados y reniegas
de las penas de tu alma, yo las gozo indiferente.

No puede ser, algo ha caído al piso y hecho un hueco, estás hecha un lío, pero mañana
por la mañana lo olvidarás todo y tendré que volver a existir.

Mi ferviente animador me reclama, cito: “éste no es un poema sino palpitaciones extrovertidas
del alma”. Me suena tan bien, que no cambio una sola parte desnuda, las mantengo
para siempre como hijas arrinconadas a mi espíritu, pobre de su madre conjunta
que no habrá de soportarlas,
cargo con el fardo que las hizo nacer y lo aviento al agujero de la muerte.

En este punto cabe no añadir nada ni estirar la pata de ningún muerto
que pretenda domarme, subirse a la vida acomodado en mi lomo. El lomo del diablo
es tan resbaladizo como un tobogán, pretendo entretenerme en tal parque de diversiones.
La crítica de mi animador enaltece los últimos eclipses, dando brillo a la circunferencia
para cerrar un ciclo con el fondo rasgado infinitamente.

Reparo, traigo algo en el bolsillo de la camisa es un papel electrónico haciéndome electroshocks
al corazón. Vuelvo a los latidos y unas lápidas me ponen “poeta” en su obituario lúgubre.
El poema circula alrededor y se eleva rodando como un astro fuera de control
que el poeta no domina mínimamente. Se atiene a las consecuencias este mártir de su destino.
La bruma de la soledad amarillenta cada sensación sonrosada, no se vuelve a sentir,
el origen se clava en una cruz, cuando hasta la resurrección ha terminado.Ver más
dimes y diretes que corren sobre la vida, más no sabemos la certera, sea la que sea llegara algún día nuestro fin saludos
 
Extenso pero sin dudas desahogador, gracias por compartir tu inspiración
y bienvenido. Bendiciones y un abrazo desde la distancia.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba