cesar curiel
Poeta que considera el portal su segunda casa
No finjas más, no ocultes la excesiva
hambre de mí que te arde en la mirada.
Antonio Gala
No cierres los ojos, no bajes tu mirada,
deja que la vista se complazca en lo que amas,
permite que el amor se deleite
una a una con lascivas miradas.
Tócame, muérdeme, acaricia mi entera faz
con pupilas y pestañas,
condéname a vivir cautivo entre tus ojos
y ser por siempre el reflejo de tu vista enamorada.
No lo niegues con los labios,
no lo calles con el habla
ni mucho menos ocultes esa sed
que tu corazón aguanta.
Ámame, lastímame con caricias
y besos, déjame entrar en tu cuerpo
noche a noche en silencio,
para que se crucen solo las miradas,
la tuya y la mía en feroces batallas
donde nadie gane,
donde nadie pierda.
Que nuestros cuerpos se fundan y abracen
cual voraz y sedienta enredadera;
pero no finjas, ni ocultes tu mirada.
hambre de mí que te arde en la mirada.
Antonio Gala
No cierres los ojos, no bajes tu mirada,
deja que la vista se complazca en lo que amas,
permite que el amor se deleite
una a una con lascivas miradas.
Tócame, muérdeme, acaricia mi entera faz
con pupilas y pestañas,
condéname a vivir cautivo entre tus ojos
y ser por siempre el reflejo de tu vista enamorada.
No lo niegues con los labios,
no lo calles con el habla
ni mucho menos ocultes esa sed
que tu corazón aguanta.
Ámame, lastímame con caricias
y besos, déjame entrar en tu cuerpo
noche a noche en silencio,
para que se crucen solo las miradas,
la tuya y la mía en feroces batallas
donde nadie gane,
donde nadie pierda.
Que nuestros cuerpos se fundan y abracen
cual voraz y sedienta enredadera;
pero no finjas, ni ocultes tu mirada.
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