Fantasmas en las estrellas (Barcos contra corriente)

Samuel17993

Poeta que considera el portal su segunda casa
Fantasmas en las
estrellas


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Los niños jugaban en la oscuridad de la noche estelar. Los sonidos no tenían eco ni volumen: lo único que podía tener una representación, era el compás de las reacciones y movimientos, casi de mimos, de los pequeñuelos. Los que brillaban, vibraban y bailaban en torno a la nada. El fuego invisible y eterno de la imaginación, resonaba en cada centella de luz de las estrellas, que pequeñas y olvidadas, les cobijaban. Su color brillante, fantasmal, se parecía al mismo que el de las estrellas. Y se podría decir, que soñaban, igual que les hizo soñar, algún día, a los hombres terrestres que miraron al cielo. Ésos que ya no las miraban. Aunque los niños, jugueteando, como ánimas locas, quizás, por un tipo de hechizo, regalaban sus sonrisas, a lo mejor, igual de increíblemente brillantes. Entonces, todo se oscureció y las estrellas quedaron solas, rodeadas en la noche del Cosmos: como niños tiritando de miedo.

Mientras, los radioestereoscopios dejaban de funcionar y los niños bajaban de las estrellas. Les obligaban, les cogían de la mano, como malos infantes, y quedaban casi llorosos, aunque sin poder llorar. Porque no querían, no podían ceder al llanto así, pareciendo débiles; y un tipo de rabia primogénita, que quizás casi nadie recordaba en ese planeta, les recorría el alma, la cual ya ni existía, más que en conceptos antiguos de la conciencia humana. Posiblemente, porque los niños sólo les quedaba imaginar bailar en torno a las estrellas, con esos aparatos, como habían hecho sus antepasados hace miles de años, quizás más (¿quién sabe?); y pensar que hacían tal cosa. Ya que sus mentes, no eran más que masa y materia, de horarios, de actividades o de las “gafas” (la interfaz gráfica del cósmonet), en donde existía todo, quizás, excepto estrellas que brillaran como por las que pasaban ellos por los estereoscopios, emitiendo su luz al igual que las mismísimas estrellas, donde danzaban como si de libélulas o de las ninfas en las historias antiguas se trataran. Quizás fuera así. Pero los niños sustraídos, sólo podían más que, quedar a merced de los que les obligaban a irse de ese pequeño, falso pero necesario para ellos, paraíso; el que alguna vez, se asemejo a uno de verdad.

Y sus mentes aún caminaban, como viejos caminantes (aunque no lo eran, siendo sólo unos niños) semejantes a anteriores inquilinos imaginarios de otros tiempos; y el pasado tenía un tono nostálgico que aullaba en los recovecos de la nebulosa aunque oscura noche cósmica, que podía llegar a ser igual de bella que un aurora; y en donde se moldeaban, se transparentaban seres, que a veces tenían forma humana, de gigante, de animal…; y que aun sin ser un mundo lleno de color para el resto, un agujero negro, en vez de tragar la luz, arrojaba luz por medio de sus mentes, en el barro del cosmos, como la Biblia decía que hizo Dios: dando del barro el indecoroso aspecto homínido, y regalándolos también, la imaginación, para quizás, creer que no eran igual de barro, que los seres que iban inundando el Cosmos en esos mismísimos instantes. Y lo único indecoroso en ese momento de alegría incierta y falsa, de espejismo infantil, de fantasía pura y terrenal, lo único, únicamente banal, era no poder creer y pensar (porque era exactamente igual) que todo era falso. Puesto que todo era tan real como lo que hacían, a miles de años luz de allí, los miles de hombres, que habitaban planetas y olvidaban a las estrellas y al silencioso espacio cósmico, por donde transitaban casi caminando como esos hombrecillos...



Por Samuel Benito de la Fuente
 
Última edición:
Gracias a ti, Dulcinista, por tu comentario. Hacia mucho que no escribía un relato corto. A ver si continúa la inspiración. Un saludo de Samuel.
 
Fantasmas en las
estrellas

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Los niños jugaban en la oscuridad de la noche estelar. Los sonidos no tenían eco ni volumen: lo único que podía tener una representación, era el compás de las reacciones y movimientos, casi de mimos, de los pequeñuelos. Los que brillaban, vibraban y bailaban en torno a la nada. El fuego invisible y eterno de la imaginación, resonaba en cada centella de luz de las estrellas, que pequeñas y olvidadas, les cobijaban. Su color brillante, fantasmal, se parecía al mismo que el de las estrellas. Y se podría decir, que soñaban, igual que les hizo soñar, algún día, a los hombres terrestres que miraron al cielo. Ésos que ya no las miraban. Aunque los niños, jugueteando, como ánimas locas, quizás, por un tipo de hechizo, regalaban sus sonrisas, a lo mejor, igual de increíblemente brillantes. Entonces, todo se oscureció y las estrellas quedaron solas, rodeadas en la noche del Cosmos: como niños tiritando de miedo.

Mientras, los radioestereoscopios dejaban de funcionar y los niños bajaban de las estrellas. Les obligaban, les cogían de la mano, como malos infantes, y quedaban casi llorosos, aunque sin poder llorar. Porque no querían, no podían ceder al llanto así, pareciendo débiles; y un tipo de rabia primogénita, que quizás casi nadie recordaba en ese planeta, les recorría el alma, la cual ya ni existía, más que en conceptos antiguos de la conciencia humana. Posiblemente, porque los niños sólo les quedaba imaginar bailar en torno a las estrellas, con esos aparatos, como habían hecho sus antepasados hace miles de años, quizás más (¿quién sabe?); y pensar que hacían tal cosa. Ya que sus mentes, no eran más que masa y materia, de horarios, de actividades o de las “gafas” (la interfaz gráfica del cósmonet), en donde existía todo, quizás, excepto estrellas que brillaran como por las que pasaban ellos por los estereoscopios, emitiendo su luz al igual que las mismísimas estrellas, donde danzaban como si de libélulas o de las ninfas en las historias antiguas se trataran. Quizás fuera así. Pero los niños sustraídos, sólo podían más que, quedar a merced de los que les obligaban a irse de ese pequeño, falso pero necesario para ellos, paraíso; el que alguna vez, se asemejo a uno de verdad.

Y sus mentes aún caminaban, como viejos caminantes (aunque no lo eran, siendo sólo unos niños) semejantes a anteriores inquilinos imaginarios de otros tiempos; y el pasado tenía un tono nostálgico que aullaba en los recovecos de la nebulosa aunque oscura noche cósmica, que podía llegar a ser igual de bella que un aurora; y en donde se moldeaban, se transparentaban seres, que a veces tenían forma humana, de gigante, de animal…; y que aun sin ser un mundo lleno de color para el resto, un agujero negro, en vez de tragar la luz, arrojaba luz por medio de sus mentes, en el barro del cosmos, como la Biblia decía que hizo Dios: dando del barro el indecoroso aspecto homínido, y regalándolos también, la imaginación, para quizás, creer que no eran igual de barro, que los seres que iban inundando el Cosmos en esos mismísimos instantes. Y lo único indecoroso en ese momento de alegría incierta y falsa, de espejismo infantil, de fantasía pura y terrenal, lo único, únicamente banal, era no poder creer y pensar (porque era exactamente igual) que todo era falso. Puesto que todo era tan real como lo que hacían, a miles de años luz de allí, los miles de hombres, que habitaban planetas y olvidaban a las estrellas y al silencioso espacio cósmico, por donde transitaban casi caminando como esos hombrecillos...



Por Samuel Benito de la Fuente


Samuel
Una narrativa fantástica en donde los niños eran lo que imaginaban, sus sueños se tornaban tan reales que casi puedo verlos como partes del cosmos, como si fueran realmente estrellas...no querían descender a este planeta...
Te felicito por estas letras que he leído de principio a fin y me ha gustado
Un abrazo
Ana
 
Gracias Cisne. Me basé un poco, más sentimental en mi forma de ver éste, en un relato de Assimov, pero que era un poco más fantástico. Éste es como con forma de Ciencia Ficción realista, por decirlo de un modo. Assimov me gusta, pero a veces es muy seco, muy poco plástico y no me gusta su forma... Tenía cierto bloqueo y creo que se va aliviando... Un saludo de Samuel.
 
Gracias Reverendo. Cuando tenga tiempo, te lo miro. Si no, envíame un Mp, que ando algo mareado XD. Un saludo de Samuel.
 
Gracias Juno. Aunque ya no sé, en otro foro me contestaron con una escueta respuesta, de que pensará en el hilo narrativo y escribiera, como si ésta no lo tuviera... Bueno, es una disertación mía XD, gracias, otra vez, por tu comendario; te lo agradezco mucho. Un saludo de Samuel.
 
Me parece un relato extraordinario; me encanta la ciencia ficción, ...y aunque como bien dices en un comentario, Assimov no es demasiado plástico, sus ideas y relatos me parecen magníficos, (creo que me he leído todos). Tu relato, con un fondo melancólico, me parece muy bueno, pleno de inspiración y de mucha profundidad, donde de imagina un futuro casi virtual y a mi entender decadente e irreal. Te felicito Samuel. Un saludo.
 
Samuel, tienes una imaginación increíble, sabes hay cosas que no conocemos, espacios sin jamas imaginarnos en el cosmos, en lugares increíbles alejados de nuestra imaginación, pero me sorprende esa luz de ideas que muestras en tu relato es increíble, me complace leerte!!!
no dejas de sorprenderme ya te lo he dicho antes para tus anos tienes una imaginación de gigantes
un saludo infinito como las ESTRELLAS DE TUS VERSOS
 
Muy buen escrito... Un gusto pasar por sus lineas
 
Felicidades amigo por este gran escrito que nos regalas, muy interesante.
Saludos y abrazos
 
Tengo que leerlo con más calma. Se me ha hecho muy recargado, parece como si estuvieras describiendo el limbo, tal vez. Efectivamente, parece una disertación tuya propia del amasijo de la mente, escrito escrupulosamente tal cual lo recreó la primera vez la imaginación, pero me ha costado mucho entenderlo por su complejidad semántica. ¿Niños abortados? Segunda oportunidad para ellos, tal vez. Me gusta esta interpretación. Buscaré en la obra alguna derivación que afiance esta posibilidad. Saludos
 
hERMOSO escrito, los niños jugando con sus sueños reales. Tan felices que este mundo se les hacia cosmos innecesario. felicidades. luzyabsenta
Gracias Luzyabsenta. Efectivamente, ese es el significado, no es complicado, como a veces me parece que veo en la gente que lo lee XD... Un saludo de Samuel.
 
alicia Pérez Hernández;4176402 dijo:
Samuel, tienes una imaginación increíble, sabes hay cosas que no conocemos, espacios sin jamas imaginarnos en el cosmos, en lugares increíbles alejados de nuestra imaginación, pero me sorprende esa luz de ideas que muestras en tu relato es increíble, me complace leerte!!!
no dejas de sorprenderme ya te lo he dicho antes para tus anos tienes una imaginación de gigantes
un saludo infinito como las ESTRELLAS DE TUS VERSOS
Gracias Alicia. Pues se me ocurrió en una tarde, en mi habitación; yo tumbado en la cama, más bien tirado, y leyendo la "Montaña Mágica"; con la ventana casi bajada, casi a tope, y sólo atisbo de luz. No sé por qué, en sí, se me ocurrió.
Un saludo de Samuel.
 
Amigo un gozo leerte tu maestria no conoce limites
mi felicitación a ella con un abrazo y un puñado de
estrellas Samuel.Feliz dia hermano.
Gracias Reverendo, aunque ya digo, he tenido opiniones de que, el relato no tienes ni pies ni cabeza, aun de que ustedes, personas como tú, me dicen lo contrario e incluso saben el significado. Un saludo de Samuel.
 
Tengo que leerlo con más calma. Se me ha hecho muy recargado, parece como si estuvieras describiendo el limbo, tal vez. Efectivamente, parece una disertación tuya propia del amasijo de la mente, escrito escrupulosamente tal cual lo recreó la primera vez la imaginación, pero me ha costado mucho entenderlo por su complejidad semántica. ¿Niños abortados? Segunda oportunidad para ellos, tal vez. Me gusta esta interpretación. Buscaré en la obra alguna derivación que afiance esta posibilidad. Saludos
Sí, curioso, es verdad, en parte es el limbo: sí señor. Hay mucha razón, en el papel del espacio es un lugar donde lleva a los niños a las estrellas. No es una disertación, es decir, un tipo razonamiento mío sobre las estrellas, sino una historia: alguien cuenta que los niños imaginan en el cielo.
XD, niños abortados... Abortos de 5 o 6 años, ésos son los que son de verdad un crimen, aunque a veces, a diferencia de lo que parlotean ciertos salvadores, los chinos, con abortos de 8 meses sí que llegan a acercarse... La realidad supera la ficción, digo un personajillo que hacía realidad la ficción, pero los hombres, no con palabras, llegan a hacer realidad cosas que parecían imposible. En eso estoy con el relato, contanto cosas del futuro que se acercan a momentos actuales, que siempre pasan... Niños que quieren soñar.
Y encantado de que quieras leerlo con más calma, eso es que tiene algo que te guste... Y eso me parece que me deleita de alguna manera, puesto que, escribir, por lo menos, aun difícil de entender, tiene magia como la que deseaban los niños del relato...
Un saludo de Samuel.
 
Fantasmas en las
estrellas

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Los niños jugaban en la oscuridad de la noche estelar. Los sonidos no tenían eco ni volumen: lo único que podía tener una representación, era el compás de las reacciones y movimientos, casi de mimos, de los pequeñuelos. Los que brillaban, vibraban y bailaban en torno a la nada. El fuego invisible y eterno de la imaginación, resonaba en cada centella de luz de las estrellas, que pequeñas y olvidadas, les cobijaban. Su color brillante, fantasmal, se parecía al mismo que el de las estrellas. Y se podría decir, que soñaban, igual que les hizo soñar, algún día, a los hombres terrestres que miraron al cielo. Ésos que ya no las miraban. Aunque los niños, jugueteando, como ánimas locas, quizás, por un tipo de hechizo, regalaban sus sonrisas, a lo mejor, igual de increíblemente brillantes. Entonces, todo se oscureció y las estrellas quedaron solas, rodeadas en la noche del Cosmos: como niños tiritando de miedo.

Mientras, los radioestereoscopios dejaban de funcionar y los niños bajaban de las estrellas. Les obligaban, les cogían de la mano, como malos infantes, y quedaban casi llorosos, aunque sin poder llorar. Porque no querían, no podían ceder al llanto así, pareciendo débiles; y un tipo de rabia primogénita, que quizás casi nadie recordaba en ese planeta, les recorría el alma, la cual ya ni existía, más que en conceptos antiguos de la conciencia humana. Posiblemente, porque los niños sólo les quedaba imaginar bailar en torno a las estrellas, con esos aparatos, como habían hecho sus antepasados hace miles de años, quizás más (¿quién sabe?); y pensar que hacían tal cosa. Ya que sus mentes, no eran más que masa y materia, de horarios, de actividades o de las “gafas” (la interfaz gráfica del cósmonet), en donde existía todo, quizás, excepto estrellas que brillaran como por las que pasaban ellos por los estereoscopios, emitiendo su luz al igual que las mismísimas estrellas, donde danzaban como si de libélulas o de las ninfas en las historias antiguas se trataran. Quizás fuera así. Pero los niños sustraídos, sólo podían más que, quedar a merced de los que les obligaban a irse de ese pequeño, falso pero necesario para ellos, paraíso; el que alguna vez, se asemejo a uno de verdad.

Y sus mentes aún caminaban, como viejos caminantes (aunque no lo eran, siendo sólo unos niños) semejantes a anteriores inquilinos imaginarios de otros tiempos; y el pasado tenía un tono nostálgico que aullaba en los recovecos de la nebulosa aunque oscura noche cósmica, que podía llegar a ser igual de bella que un aurora; y en donde se moldeaban, se transparentaban seres, que a veces tenían forma humana, de gigante, de animal…; y que aun sin ser un mundo lleno de color para el resto, un agujero negro, en vez de tragar la luz, arrojaba luz por medio de sus mentes, en el barro del cosmos, como la Biblia decía que hizo Dios: dando del barro el indecoroso aspecto homínido, y regalándolos también, la imaginación, para quizás, creer que no eran igual de barro, que los seres que iban inundando el Cosmos en esos mismísimos instantes. Y lo único indecoroso en ese momento de alegría incierta y falsa, de espejismo infantil, de fantasía pura y terrenal, lo único, únicamente banal, era no poder creer y pensar (porque era exactamente igual) que todo era falso. Puesto que todo era tan real como lo que hacían, a miles de años luz de allí, los miles de hombres, que habitaban planetas y olvidaban a las estrellas y al silencioso espacio cósmico, por donde transitaban casi caminando como esos hombrecillos...



Por Samuel Benito de la Fuente
Hola,
Me quedo con las estrellas
y ahuyento todos los fantasmas.
Una delicia leerte
Saludos y más estrellas
¡SONRIE!
 
Creo que aquel que le dijo lo del hilo narrativo no sabía lo que decía, porque ello es para relatos, o cuentos, o algo así. Lo que usted plasma aquí en prosa poética es un flash, un sueño, una alegoría de Isaac Asimov, como bien dice. Se trata de un texto para disfrutar, y lo consigue, ya que uno le da la sensación de estar flotando en la oscuridad del cosmos, cerca de las estrellas, y se agradece. Un placer, Señor Samuel. Se le saluda desde estas montañas de León.
 

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