Alientos de los vocablos

Orfelunio

Poeta veterano en el portal
Comencemos hablando, mis queridos contertulios, de lo que hoy significan límites y anteriormente fronteras, de los espacios aéreos, de las áreas geográficas, y delas corpóreas cadenas.

Señor, ¿podemos también hablar de los polvos mágicos, de los perros galgos, de los malos brujos y de los pliegos trágicos?

No solamente podéis hablar, sino que debéis hacerlo. Yo os lo mando y ordeno; y hablaréis, además, del affaire del coronel, del pensar que es general, que los cuernos lleva el rey, por mandato y lealtad de quien manda sin olé. Pero ahora, decidme, mis queridos desparramados… ¿Sois felices?, ¿tenéis orgasmos?, ¿os satisfacen las perdices?, ¿se os estima por vuestros brazos? Contadme las penurias, descardad vuestras penas y miserias, y alegraos en los bigotes; que se iluminen vuestras barbas; y quien no las tenga, que luz no halle si las afeita. Dejar a los pelos del culo que sirvan para lo que sirven; serán pelos hasta en las tetas. Y pensad, y coged la vida buena, que la mala es buena vida, y la vive quien la tenga; que la muerte está en la esquina, la muy puta, puta vida para que aprendas.

Señor, esto no es lo que nos han enseñado.

Claro, porque los maestros caraculo, son maestros macabros, y muestran sólo los rublos, y esconden los buenos palos; predican que son los mulos, y engañan con los desfalcos; milagros serán los suyos, dejaros a todos mancos; sin manos para los puños, sin garras para matarlos. Pero yo os abro el orgullo, y os doy el milagro en talco, los polvos de los barullos, alientos de los vocablos.
 

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