Y al final...

Engel

SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA


Y al principio creí mejor y más prudente no decir nada, no escribir nada, no hacer comentarios, pero me gusta pensar en ese polvorín que fueron tus ojos cuando vagaban sin rumbo fijo entre los vagones de carbón y pese a tus esfuerzos, nos colábamos entre los topes intentando ocupar un buen puesto de salida para coger la jaula en la planchada. También en todas las pestes que decías, apenas sin reflexionar, dándonos la bronca bajo la luz dorada de tu lámpara. Querido amigo, no eran las ganas de salir al exterior lo que nos reunía, si no la presencia de juventud, de esplendor, de amistad. Sentados en la oscuridad vimos crecer un lazo por la galería, como una enredadera que hubiese abonado tus bramidos.
Ahora amigo mío, alguien debería hacerse cargo de tu dolor. Ahora, el sol de nuestros días tiene los ojos tristes. Esta absurda metáfora, con su ternura abstracta me permite seguir la corriente de la inspiración pero no evita que tu enfermedad me sorprenda. Intento resistirme a pensar que la muerte te acecha y me dedico al oficio más dulce que conozco, el de anotar los cambios de luz en tu mirada.
Confieso que muy a tu pesar, y al nuestro, eres el protagonista indiscutible de esta trágica historia y que tu oscuridad, tal como yo la veo, es casi inútil y los ojos tristes y la mirada perdida y también el horror que aún queda por vivir. Maldita enfermedad en el cerebro, te tiene postrado en la cama y mira que buscaste salidas al laberinto. Una puerta repentina que se abriese en tu cabeza, pero no has podido conseguirlo. Hoy, alejado ya de la utopía he ido a verte al hospital, me he asomado de nuevo a tus ojos y he visto a otro hombre y asumo en él la ausencia de realidad. El cáncer te está quitando la luz propia.
Y no es lo que vi, si no el ver. No es lo que sentía, si no sentir. Nunca lo olvidaré, eras un mar dormido, mientras te acariciaba la mano de tu mujer. Su amor es un secreto que no conoce nadie. Los demás callan, se miran a los ojos y no lo ven, descubren al azar el temblor que precede a su estallido. Luego ella llora sentada junto a ti y al mirarte, descansa su dolor sobre tu rostro. Con qué cautela y qué sigilo surgió ese amor a este lado de la muerte, qué lástima que durmieras y no lo lograras ver.
 
Última edición:
Ahora, amigo mío, alguien debería hacerse cargo de tu dolor. Ahora, el sol de nuestros días tiene los ojos tristes. Esta absurda metáfora, con su ternura abstracta, me permite seguir la corriente de la inspiración pero no evita que tu enfermedad me sorprenda. Intento resistirme a pensar que la muerte te acecha y me dedico al oficio más dulce que conozco, el de anotar los cambios de luz en tu mirada.

¡¡ME ENCANTA TU PLUMA !!...TIENE, MAGIA , TIENE SENTIMIENTO QUE TRASPASA LA PANTALLA, Y QUÉ BONITO PODER OÍRLA MIENTRAS LEES...
MARAVILLOSO LLEGAR HASTA TUS LETRAS, ESTREMECEDORA PROSA POÉTICA, SALUDOS
ENGEL.
ABRAZOS
NATY
 
Última edición:
[video=youtube;_eZQ4V-kX6M]http://www.youtube.com/watch?v=_eZQ4V-kX6M[/video]

Y al principio creí mejor y más prudente no decir nada, no escribir nada, no hacer comentarios, pero me gusta pensar en ese polvorín que fueron tus ojos cuando vagaban sin rumbo fijo entre los vagones de carbón y pese a tus esfuerzos, nos colábamos entre los topes intentando ocupar un buen puesto de salida para coger la jaula en la planchada. También en todas las pestes que decías apenas sin reflexionar, dándonos la bronca bajo la luz dorada de tu lámpara. Querido amigo, no eran las ganas de salir al exterior lo que nos reunía sino la presencia de juventud, de esplendor, de amistad. Sentados en la oscuridad vimos crecer un lazo por la galería como una enredadera que hubiesen abonado tus bramidos.

Ahora amigo mío, alguien debería hacerse cargo de tu dolor. Ahora, el sol de nuestros días tiene los ojos tristes. Esta absurda metáfora con su ternura abstracta me permite seguir la corriente de la inspiración pero no evita que tu enfermedad me sorprenda. Intento resistirme a pensar que la muerte te acecha y me dedico al oficio más dulce que conozco, el de anotar los cambios de luz en tu mirada.

Confieso que, muy a tu pesar, y al nuestro, eres el protagonista indiscutible de esta trágica historia y que tu oscuridad, tal como yo la veo, es casi inútil y los ojos tristes y la mirada perdida y también el horror que aún queda por vivir. Maldita enfermedad en el cerebro, te tiene postrado en la cama y mira que buscaste salidas al laberinto. Una puerta repentina que se abriese en tu cabeza, pero no has podido conseguirlo. Hoy, alejado ya de la utopía he ido a verte al hospital, me he asomado de nuevo a tus ojos y he visto a otro hombre y asumo en él la ausencia de realidad. El cáncer te está quitando la luz propia.

Y no es lo que vi sino el ver. No es lo que sentía sino sentir. Nunca lo olvidaré, eras un mar dormido mientras te acariciaba la mano de tu mujer. Su amor es un secreto que no conoce nadie. Los demás callan, se miran a los ojos y no lo ven, descubren al azar el temblor que precede a su estallido. Luego ella llora sentada junto a ti y al mirarte, descansa su dolor sobre tu rostro. Con qué cautela y qué sigilo surgió ese amor a este lado de la muerte, qué lástima que durmieras y no lo lograras ver.


Realmente conmovedora e impresionante tu prosa; una realidad que acecha constantemente en la vida, y como bien dices: esa luz que se apaga lentamente con el sufrimiento y con la impotencia de ver que luchar no sirve, que se agotan las fuerzas y que simplemente, el otro lado llama sin dejar alternativas. Una "epidemia", cada vez, más acentuada y presente.

He podido sentir la tristeza en tu relato, el vacío que deja, porque yo también he vivido esa enfermedad en seres queridos, la secuela que deja y la enorme tristeza, de ver como se apaga una vida.

Un beso grande.
 
MaríaA.G;4263128 dijo:
Realmente conmovedora e impresionante tu prosa; una realidad que acecha constantemente en la vida, y como bien dices: esa luz que se apaga lentamente con el sufrimiento y con la impotencia de ver que luchar no sirve, que se agotan las fuerzas y que simplemente, el otro lado llama sin dejar alternativas. Una "epidemia", cada vez, más acentuada y presente.

He podido sentir la tristeza en tu relato, el vacío que deja, porque yo también he vivido esa enfermedad en seres queridos, la secuela que deja y la enorme tristeza, de ver como se apaga una vida.

Un beso grande.

Saludos María, agradezco tu huella en mi escrito.
Un beso.
 
Y al principio creí mejor y más prudente no decir nada, no escribir nada, no hacer comentarios, pero me gusta pensar en ese polvorín que fueron tus ojos cuando vagaban sin rumbo fijo entre los vagones de carbón y pese a tus esfuerzos, nos colábamos entre los topes intentando ocupar un buen puesto de salida para coger la jaula en la planchada. También en todas las pestes que decías, apenas sin reflexionar, dándonos la bronca bajo la luz dorada de tu lámpara. Querido amigo, no eran las ganas de salir al exterior lo que nos reunía, si no la presencia de juventud, de esplendor, de amistad. Sentados en la oscuridad vimos crecer un lazo por la galería, como una enredadera que hubiese abonado tus bramidos.
Ahora amigo mío, alguien debería hacerse cargo de tu dolor. Ahora, el sol de nuestros días tiene los ojos tristes. Esta absurda metáfora, con su ternura abstracta me permite seguir la corriente de la inspiración pero no evita que tu enfermedad me sorprenda. Intento resistirme a pensar que la muerte te acecha y me dedico al oficio más dulce que conozco, el de anotar los cambios de luz en tu mirada.
Confieso que muy a tu pesar, y al nuestro, eres el protagonista indiscutible de esta trágica historia y que tu oscuridad, tal como yo la veo, es casi inútil y los ojos tristes y la mirada perdida y también el horror que aún queda por vivir. Maldita enfermedad en el cerebro, te tiene postrado en la cama y mira que buscaste salidas al laberinto. Una puerta repentina que se abriese en tu cabeza, pero no has podido conseguirlo. Hoy, alejado ya de la utopía he ido a verte al hospital, me he asomado de nuevo a tus ojos y he visto a otro hombre y asumo en él la ausencia de realidad. El cáncer te está quitando la luz propia.
Y no es lo que vi, si no el ver. No es lo que sentía, si no sentir. Nunca lo olvidaré, eras un mar dormido, mientras te acariciaba la mano de tu mujer. Su amor es un secreto que no conoce nadie. Los demás callan, se miran a los ojos y no lo ven, descubren al azar el temblor que precede a su estallido. Luego ella llora sentada junto a ti y al mirarte, descansa su dolor sobre tu rostro. Con qué cautela y qué sigilo surgió ese amor a este lado de la muerte, qué lástima que durmieras y no lo lograras ver.


Últimamente estoy despidiendo a demasiados amigos así…, algunos lo superan por suerte, la medicina avanza y nos da un poco más de tregua…
No había escuchado esta prosa, es de las primeras y ya desde entonces hacías unos excelentes trabajos.

Un abrazo a los que se nos han ido y otro grande para tu sensibilidad.

Palmira
 
Últimamente estoy despidiendo a demasiados amigos así…, algunos lo superan por suerte, la medicina avanza y nos da un poco más de tregua…
No había escuchado esta prosa, es de las primeras y ya desde entonces hacías unos excelentes trabajos.

Un abrazo a los que se nos han ido y otro grande para tu sensibilidad.

Palmira


Fuerte abrazo, compañera. Gracias, siempre, por tu gentil compañía.
 
Ahora, amigo mío, alguien debería hacerse cargo de tu dolor. Ahora, el sol de nuestros días tiene los ojos tristes. Esta absurda metáfora, con su ternura abstracta, me permite seguir la corriente de la inspiración pero no evita que tu enfermedad me sorprenda. Intento resistirme a pensar que la muerte te acecha y me dedico al oficio más dulce que conozco, el de anotar los cambios de luz en tu mirada.

¡¡ME ENCANTA TU PLUMA !!...TIENE, MAGIA , TIENE SENTIMIENTO QUE TRASPASA LA PANTALLA, Y QUÉ BONITO PODER OÍRLA MIENTRAS LEES...

MARAVILLOSO LLEGAR HASTA TUS LETRAS, ESTREMECEDORA PROSA POÉTICA, SALUDOS
ENGEL.
ABRAZOS
NATY
De algún modo, nuestra vida continúa en todos los que amamos, puesto que somos todo lo que amamos. No podemos perder la esperanza.

Conmovedor relato. Te felicito.
 

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