Tan solo cierro los ojos para soñarte, pues allí vives; clavada en el corazón de mí alma, lejos de todo sol y de toda realidad, más incierto no podría ser, apenas alcanzo a asimilar semejante castigo de luz. Las hojas ya no caen y el hielo ya no resbala; las estrellas han vuelto a salir, la noche ha vuelto a caer y la lluvia suspira la calma, ya el eco ha callado y la armonía renació.
El corazón no calla, encuentra al silencio y lo despoja de toda autoridad; ahora sólo reinan palabras de sed pisando tanto dolor y reencarnando en cuánta alegría desatándose sin piedad en las venas de esta incontrolable emoción que grita letras pintadas por tus ojos y seducidas por tú olor.
Es tú mirada trazada en mi pecho que consuela mis penas y me otorga esperanza, la que convierte en vapor este despreciado incendio y despierta a mi anhelado cielo; es este divino regalo el paño que borra estas gotas saladas y las convence de reír.
Ya el resplandor llama a la eternidad, el viento acaricia los deseos y el tiempo pierde el sentido, lo único probable somos tú y yo, sin temor al camino, sin regreso al final; el encuentro prometido y el pleito ante la felicidad.
Mi alma está dichosa, y el soñador envenenado; el trueno canta la melodía de tu amor y las campanas retumban al escuchar; brincan con pasión y te atraen hacia él, él soy yo, y él es para ti.
El corazón no calla, encuentra al silencio y lo despoja de toda autoridad; ahora sólo reinan palabras de sed pisando tanto dolor y reencarnando en cuánta alegría desatándose sin piedad en las venas de esta incontrolable emoción que grita letras pintadas por tus ojos y seducidas por tú olor.
Es tú mirada trazada en mi pecho que consuela mis penas y me otorga esperanza, la que convierte en vapor este despreciado incendio y despierta a mi anhelado cielo; es este divino regalo el paño que borra estas gotas saladas y las convence de reír.
Ya el resplandor llama a la eternidad, el viento acaricia los deseos y el tiempo pierde el sentido, lo único probable somos tú y yo, sin temor al camino, sin regreso al final; el encuentro prometido y el pleito ante la felicidad.
Mi alma está dichosa, y el soñador envenenado; el trueno canta la melodía de tu amor y las campanas retumban al escuchar; brincan con pasión y te atraen hacia él, él soy yo, y él es para ti.