Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cerré las puertas de esta iglesia
para rasparle al sopor de los bancos
todos sus rezos memorizados sobre
la fractura expuesta del pecado.
Lamí la madera antes de apoyar mis rodillas
para ver que sabor tiene el perdón,
y se me clavaron todas sus astillas,
como souvenirs de la invitación al dolor.
Vistiendo en negra sotana al silencio,
no olvidé que soy los oxidados
clavos carroñeros de la pasión dentellada,
del amor crucificado fui la lanza.
Pero no tuviste clemencia en azotar
el flagellum taxillatum
sobre la espalda del mundo construido
con mi fútil overol y mis manos
llenas de callos viscerales.
Vine buscando piedras que construyan agua,
para sellar la sed en estos pliegues que
han dejado escapar a mis labios,
pero me llevo los musgos de la fuente vacía,
quebrada por las monedas arrojadas de espaldas
que se llevaron todas las promesas incumplidas,
Junto a la biblia de hojas arrancadas,
plantadas como vestigios del camino a seguir.
Yo puedo decirte como mata una bala,
No porque conozca de muertes, sino
por seguir su trayectoria hasta su impacto
tantas veces, que creo que lo aprendí de memoria,
Tú puedes decirme como se abre paso
tus hirientes palabras que no cauterizan
y cosen con alambres de púas la hendidura,
hecha en el exorcismo de tu amor.
Yo prometí olvidar todas las vendas que robaron
mi sangre, y acepte pisar descalzo
la resina derretida de los cirios
que yacen horizontales escuchando
los latidos de la tierra arrullada por infiernos.
Prometí olvidar pero primero debo aprender
A rezar todos mis rosarios marchitos
Bajo el dermis de mis días huérfanos
De perdón luego lavaré los pies
de las raíces enterradas en odio, y daré mi otra
mejilla para poder llorar por ti.
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