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[TR]
[TD="align: left"]La niña acariciaba sus cabellos plateados, mientras dejaba fluir
lagrimas amargas. Ella tarareaba canción que solía cantarle,
pero ya la señora nunca mas podrá escucharla.
Y es que reposaba en un cajón, sus manos estaban frías, no había
huellas de signos vitales, ni rastros de una sonrisa.
La niña apretaba mi mano y susurraba “El amor nunca muere”
La niña, en su espalda, ya no resistía el peso de la ausencia,
y sus ojos no resistían el sonido de la muerte. El alma de la señora
se había ido volando a quien sabe donde… La niña con mezcla de
sentimientos encontrados, ¿y yo? impotente.
Y me repetía: “El amor nunca muere”.
El polvillo de la desolación se le metía en el alma y lae empezaban
a lastimar, en sus ojos reflejos de la noche más oscura del alma,
le costaba respirar.
Busque en mi interior frases de aliento, necesitaba que ella lo
recuperara, pero ¿que podría ser mas empático que el silencio,
y dejar que en mis brazos se refugiara y llorara?
Nunca vi un amor igual...
No era la cantidad de lágrimas, era el sufrimiento que de ella se
desprendía, cuando cada lágrima apenas nacida moría.
La niña entre lloros dijo: Ella era mi felicidad, ahora todo en esta
casa me hiere… Y apretaba mi mano y susurraba “El amor nunca muere”.
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[TD="align: left"]La niña acariciaba sus cabellos plateados, mientras dejaba fluir
lagrimas amargas. Ella tarareaba canción que solía cantarle,
pero ya la señora nunca mas podrá escucharla.
Y es que reposaba en un cajón, sus manos estaban frías, no había
huellas de signos vitales, ni rastros de una sonrisa.
La niña apretaba mi mano y susurraba “El amor nunca muere”
La niña, en su espalda, ya no resistía el peso de la ausencia,
y sus ojos no resistían el sonido de la muerte. El alma de la señora
se había ido volando a quien sabe donde… La niña con mezcla de
sentimientos encontrados, ¿y yo? impotente.
Y me repetía: “El amor nunca muere”.
El polvillo de la desolación se le metía en el alma y lae empezaban
a lastimar, en sus ojos reflejos de la noche más oscura del alma,
le costaba respirar.
Busque en mi interior frases de aliento, necesitaba que ella lo
recuperara, pero ¿que podría ser mas empático que el silencio,
y dejar que en mis brazos se refugiara y llorara?
Nunca vi un amor igual...
No era la cantidad de lágrimas, era el sufrimiento que de ella se
desprendía, cuando cada lágrima apenas nacida moría.
La niña entre lloros dijo: Ella era mi felicidad, ahora todo en esta
casa me hiere… Y apretaba mi mano y susurraba “El amor nunca muere”.
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