José A. Guerrero
Poeta que considera el portal su segunda casa

Hace unos días visité a Mamá, la encontré en el corredor de la casa, sentada en su mecedora descansando después de haber estado trajinando en la cocina, después de darle un beso, arrimé una silla, me senté frente a ella y comenzamos a platicar recordando anécdotas de cuando éramos niños mis hermanos y yo.
_Mamá; ¿Recuerdas cuando te enojaste el día que te pedí que hicieras el chile?
_¡Claro que me acuerdo hijo! Tú tendrías algunos cinco o seis años a lo más.
_Recuerdo que ese día estábamos solos con mis hermanos más chicos ¿verdad?, mis hermanos mayores debían de andar en la escuela y mi Papá trabajando, eran como las diez de la mañana cuando llego don Pedro y te hablo desde el zaguán, yo te acompañé a atenderlo, vi que les había traído a regalar una bolsa con unos chiles colorados, entre amarillos y anaranjados, le dejó saludos a papá y se retiró.
_Si hijo, recuerdo que yo estaba muy apurada lavando los uniformes de tu hermana y además tenía que almidonarlos, cuando empezaste a dar lata diciendo, ¿Mamá a qué horas vas a hacer el chile? _Al rato hijo y luego volvías otra vez, ¿Mamá a qué hora vas a hacer el chile? _Al rato hijo, ahorita no tengo tiempo; Y luego volvías, ¡Mamá, porque no haces el chile! _ No hijo, más tarde y que empiezas a hacer tu berrinche y a llorar que querías que hiciera el chile, y que me voy enojando, que dejo lo que estaba haciendo y que me voy a la cocina.
_Si mamá, recuerdo que dijiste: ¡Ni tortillas hay! pusiste los chiles a cocer y te pusiste a lavar él nixtamal, lo echaste al molino y empezaste a moler muy rápido, yo nada más te miraba desconcertado, después agarraste el molcajete y empezaste a moler los chiles, yo seguía llorando y algo espantado porque creo que nunca te había visto tan enojada.
Y después vino lo peor, que agarras una cuchara y la llenaste de salsa y me decías: ¡Orale! ¡abra la boca! ¡quería chile no!... y yo llorando y brincando de miedo, apretaba los labios y quería que me tragara la tierra.
_Si, creo que después de terminar de hacer el berrinche de tu vida, te quedaste dormido y hasta en la noche en la cena lo comentamos con tu Papá y tus hermanos y el molcajete de chile en medio de la mesa.
_¡Oye Mamá! _¿Y si pensabas hacer que me tragara la cucharada de chile?
_No hijo, si tú ni comías chile.
_Si, ¿verdad?... Yo ni comía chile, y creo que ni pensaba en probarlo, solo quería verlo molido en el molcajete, ja, ja, ja,_ y terminamos riendo los dos.
José A. Guerrero.
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