Engel
SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA
En la mirada lleva ceñido un amuleto como una confusa premonición que haría retroceder al más osado, en su mente un hueco. La claridad del día se acerca como el vapor, algo se remueve en sus pulmones, de sobra sabe que este amanecer será imposible para él, que nada más le cabe en ese hueco. No quiere pensar, no desea rendir cuentas, ni descansar de fumar.
Y así le fueron las cosas. Enciende un cigarrillo porque estaba sobre la mesa el paquete y lo ha visto, eso es todo. Echa mucho humo por la boca, es el aliento del suicida que sabe desfallecer.
El suspiro de las últimas caladas recogido en el azogue; nada se mueve, nada salvo la soga que balancea en la cúpula de humo sobre el vertedero de no entender. Se aúpa hacia el desastre, abandona el cigarro, se despide de lo podrido, brincando de la silla ensaya ser pájaro y se va asfixiando con la malla del humo. Se siente flotar entre los restos que vienen de las conjugaciones del silencio y desde el silencio ambiciona caer al suelo pero patalea hacia el cielo de cómo dejar de pensar.
Caer, volar, morir... y en la mirada de cristal se distingue un ligero matiz, sus ojos segregan savia y sabía, la nostalgia acaso de la calada perdida, ya lo decía su amuleto.
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