Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nocturno.
La noche llega al hombre y decae
en su corazón melodioso.
La naturaleza mira.
La sombra inclina su cabeza.
Que sean los minutos confusos
como las aves, claveles de las nubes
quien lleve los latidos
en su sed abominable
hasta la cruz vencida de la tarde.
Que sea tu mirada en la multitud
restaurada en la vendimia,
luz que me acerca en este fondo,
en este sitio oscuro de largos estribos
donde crece el cielo en las arterias
y el astro, como una gota,
va por tus mejillas de arena,
soledad o porvenir que danza
a la orilla de los muelles.
Amada, tú eres ese faro en el camino
alumbrando las heladas huellas,
la perdida constelación que nos retrasa
en el territorio de las horas muertas,
en la contemplación originaria de la idea,
de la causa fortuita o diseminada
como un cauce de amor a la distancia.
Amada, tú eres esa idea
ese dolor esa fuerza y esta letra.
La noche llega al hombre y decae
en su corazón melodioso.
La naturaleza mira.
La sombra inclina su cabeza.
Que sean los minutos confusos
como las aves, claveles de las nubes
quien lleve los latidos
en su sed abominable
hasta la cruz vencida de la tarde.
Que sea tu mirada en la multitud
restaurada en la vendimia,
luz que me acerca en este fondo,
en este sitio oscuro de largos estribos
donde crece el cielo en las arterias
y el astro, como una gota,
va por tus mejillas de arena,
soledad o porvenir que danza
a la orilla de los muelles.
Amada, tú eres ese faro en el camino
alumbrando las heladas huellas,
la perdida constelación que nos retrasa
en el territorio de las horas muertas,
en la contemplación originaria de la idea,
de la causa fortuita o diseminada
como un cauce de amor a la distancia.
Amada, tú eres esa idea
ese dolor esa fuerza y esta letra.
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