Extraño tu silencio y toda flama
cuando retuerces el cabello negro
con la cadencia y el deseo alegro
nacido de tus fuerzas y tu brama.
Extraño el contoneo de caderas
cuando te mueves con el arte propio.
En momentos de valor y de acopio
mientras quemamos pertrecho y maderas.
Ese coqueto lengüeteo franco
destruye voluntades y promesas.
dejando preparadas las remesas
donde apostamos compañía y flanco.