ÁRBOL DESNUDO
Aquel árbol desnudo,
ya nada sabe de flores ni frutos;
ya nada sabe de dulces auroras
ni de los vespertinos romances
de las golondrinas.
A poco de caerse,
ya sus delgadas ramas carbonizadas
van diluyéndose
en polvos y cenizas;
y sus sombras, son espectros lúgubres
que van desdibujándose
sobre estériles suelos del presente.
Cómo no llorar al árbol,
que un día nos llenó de frescas
sombras ante los veranos jadeantes;
cómo no haber amado
el sutil aleteo de las mariposas
rondando entre sus tiernas flores;
y cómo no llorar al árbol desnudo,
que no se arropa de hojas
ni de rocíos al alborear.
De aquel árbol despojado,
cuelgan ahora lejanos recuerdos
y pesadas sombras
-cual parias escondidas
en el misterio de vientre oscuro.
Oh, árbol esquelético,
que una tarde sacudiste tus lozanas
hojuelas, al calor de un trágico
incendio, ahora podrás descansar
tu alma matutina
en los campos dolientes del no ser.
Ya no se puede vivir de recuerdos idos;
y en esta tarde abril,
mi corazón dolido ruega a gritos
que “es tiempo de echar semillas
en selvas devastadas;
y que la muchedumbre enarbole en sus almas
la verde bandera de la naturaleza”
Aquel árbol desnudo,
ya nada sabe de flores ni frutos;
ya nada sabe de dulces auroras
ni de los vespertinos romances
de las golondrinas.
A poco de caerse,
ya sus delgadas ramas carbonizadas
van diluyéndose
en polvos y cenizas;
y sus sombras, son espectros lúgubres
que van desdibujándose
sobre estériles suelos del presente.
Cómo no llorar al árbol,
que un día nos llenó de frescas
sombras ante los veranos jadeantes;
cómo no haber amado
el sutil aleteo de las mariposas
rondando entre sus tiernas flores;
y cómo no llorar al árbol desnudo,
que no se arropa de hojas
ni de rocíos al alborear.
De aquel árbol despojado,
cuelgan ahora lejanos recuerdos
y pesadas sombras
-cual parias escondidas
en el misterio de vientre oscuro.
Oh, árbol esquelético,
que una tarde sacudiste tus lozanas
hojuelas, al calor de un trágico
incendio, ahora podrás descansar
tu alma matutina
en los campos dolientes del no ser.
Ya no se puede vivir de recuerdos idos;
y en esta tarde abril,
mi corazón dolido ruega a gritos
que “es tiempo de echar semillas
en selvas devastadas;
y que la muchedumbre enarbole en sus almas
la verde bandera de la naturaleza”
Última edición: