indiferencia

solier

Poeta asiduo al portal
INDIFERENCIA

Nadie ha pasado a mirar
mi pobre corazón, perdido
entre los rescoldos del amor;
nadie ha escuchado
su triste y agónico palpitar
ni menos le han preguntado
qué por qué se muere
bajo la penumbra;
en esta taciturna tarde de abril,
con los ojos acuosos
y con los pies congelados,
voy siguiendo a mi corazón;
y mis rastros
van diluyéndose en los pantanales
de la ignota montaña
del desconsuelo.
He gritado mi dolor a los cuatro vientos;
les he rogado de mil maneras
un consuelo amigo,
pero el viento, presuroso
se fue sin decir una sola palabra.
¡Ay, mi pobre corazón,
sigue llorando el ser lleva dentro!
Y en esta tarde invernal,
nadie me ha mirado
ni me han escuchado.
¡ay, corazón de pétalo marchito,
en este valle del desconsuelo,
sólo somos tú y yo
ante la indiferencia del mundo;
¡Qué más te puedo decir…!
Sólo nos queda
cavar nuestra triste sepultura
en la agreste quebrada del dolor.

 
INDIFERENCIA

Nadie ha pasado a mirar
mi pobre corazón, perdido
entre los rescoldos del amor;
nadie ha escuchado
su triste y agónico palpitar
ni menos le han preguntado
qué por qué se muere
bajo la penumbra;
en esta taciturna tarde de abril,
con los ojos acuosos
y con los pies congelados,
voy siguiendo a mi corazón;
y mis rastros
van diluyéndose en los pantanales
de la ignota montaña
del desconsuelo.
He gritado mi dolor a los cuatro vientos;
les he rogado de mil maneras
un consuelo amigo,
pero el viento, presuroso
se fue sin decir una sola palabra.
¡Ay, mi pobre corazón,
sigue llorando el ser lleva dentro!
Y en esta tarde invernal,
nadie me ha mirado
ni me han escuchado.
¡ay, corazón de pétalo marchito,
en este valle del desconsuelo,
sólo somos tú y yo
ante la indiferencia del mundo;
¡Qué más te puedo decir…!
Sólo nos queda
cavar nuestra triste sepultura
en la agreste quebrada del dolor.


el mundo será siempre indiferente antes cualquier cosa, grato leerle
 
Tristeza y dolor en su versar. cruel indeferencia saludos
INDIFERENCIA

Nadie ha pasado a mirar
mi pobre corazón, perdido
entre los rescoldos del amor;
nadie ha escuchado
su triste y agónico palpitar
ni menos le han preguntado
qué por qué se muere
bajo la penumbra;
en esta taciturna tarde de abril,
con los ojos acuosos
y con los pies congelados,
voy siguiendo a mi corazón;
y mis rastros
van diluyéndose en los pantanales
de la ignota montaña
del desconsuelo.
He gritado mi dolor a los cuatro vientos;
les he rogado de mil maneras
un consuelo amigo,
pero el viento, presuroso
se fue sin decir una sola palabra.
¡Ay, mi pobre corazón,
sigue llorando el ser lleva dentro!
Y en esta tarde invernal,
nadie me ha mirado
ni me han escuchado.
¡ay, corazón de pétalo marchito,
en este valle del desconsuelo,
sólo somos tú y yo
ante la indiferencia del mundo;
¡Qué más te puedo decir…!
Sólo nos queda
cavar nuestra triste sepultura
en la agreste quebrada del dolor.

 

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