IVAN CARRASCO AKIYAMA
Poeta recién llegado
(POESÍA COSTUMBRISTA EN HOMENAJE A LA CIUDAD DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA-BOLIVIA, QUE HOY 24 DE SEPTIEMBRE, CELEBRA SU ANIVERSARIO LIBERTARIO)
Amaneció septiembre, en cruenta batalla,
despertó un valiente, al temido destino.
Chaqueó su libertad, con temple y encono
fué voz continente en colosal muralla.
Guardo su trazaó y vestido en albor.
Respiró del surazo, vibrante y sereno.
En aquel tiempo agonizaba su pueblo,
eran tiempos difíciles, paciencia y dolor.
Sus ideas, pringadas en honor,
al jasayé gigante marchaban.
Desesperado el tiluchi clamaba,
¡Paz! ¡Nunca guerra señor!
Mi vida, dijo el arrofaldao tenaz,
es pasado, verdad y conciencia,
En mi atajo, muere la nueva ciencia.
Soy un grito buscando paz.
Quiero sembrar en el presente,
Un pueblo entre costumbres silentes,
encerrando viva historia para un pueblo,
En una chaicita, ave inocente.
Así emprendió su marcha el vencedor,
como una flor en busca del poema,
aun cansado, seguía su brega,
cunumi valiente, fuerza y conciencia.
Su tapeque repleto por naturaleza,
era dulce bonanza del jornalero.
Amaba al viejo, humilde carretero,
Símbolo fuerte, virginal belleza.
Al fin llego al presente su sombra,
y tapiosíes iluminaban palmares.
Las viejas casonas reclamando al ausente,
viejas costumbres, hoy en penumbras.
¡Amigos! Dijo al pueblo reunido,
Soy libertad, antiguos bajíos.
Rumbeador seguro, mangales bellacos.
Llevo un sombrero, sao en tejido mestizo.
Soy como el idilio del bibosi y el motacu,
Pauro del amor, fresco y cristalino.
Estirpe del cielo en tierra de ángeles
Mi Santa Cruz de la Sierra, ¡ Sangre y Urucú!
Pecho inspirado y sangre caliente,
tradición del camba lacero.
Jenecheru vivo, mañana y antaño,
llevo en mi espalda, el surco del viento.
Traigo el horneao, para compartir,
alimento sano para tiempos difíciles.
Soy como un sauce bien plantao
semilla de acero, que no sabe morir.
Soy como el chillchi en soledad,
Jane gigante en nube blanca.
Mi juventud es como el cielo nublao,
quiero para mi tierra, más generosidad.
Los hijos del pueblo crecido,
no escucharon la infanta voz.
El tari , se fue en el turbión del sueño,
poco quedó de la experiencia vivida.
Pero el camba, afirmo su bandera,
eligió verde santo, llena su selva.
Pintó con ternura, piel y hierba
y dio al palo santo nueva primavera.
Suspiro el guajojó con ternura humana,
cuando eligió el blanco brillante.
El intenso ideal del caminante,
fue beso apasionado, viento dominante.
Así renació el cruceño maduro,
un hombre que cree en su historia.
Elocuente, no pensaba en la gloria,
elevando su arte y voz al futuro.
¡¡Soy enérgica protesta
vida en voces calladas.
Traigo para mi pueblo
Dulces madrugadas!!
¡Medalla de oro a la cruceñidad!
Nueva savia y sapiencia.
Carretón literario, entre poemas,
que claman: ¡Viva el amor en miel de verdad!
Amaneció septiembre, en cruenta batalla,
despertó un valiente, al temido destino.
Chaqueó su libertad, con temple y encono
fué voz continente en colosal muralla.
Guardo su trazaó y vestido en albor.
Respiró del surazo, vibrante y sereno.
En aquel tiempo agonizaba su pueblo,
eran tiempos difíciles, paciencia y dolor.
Sus ideas, pringadas en honor,
al jasayé gigante marchaban.
Desesperado el tiluchi clamaba,
¡Paz! ¡Nunca guerra señor!
Mi vida, dijo el arrofaldao tenaz,
es pasado, verdad y conciencia,
En mi atajo, muere la nueva ciencia.
Soy un grito buscando paz.
Quiero sembrar en el presente,
Un pueblo entre costumbres silentes,
encerrando viva historia para un pueblo,
En una chaicita, ave inocente.
Así emprendió su marcha el vencedor,
como una flor en busca del poema,
aun cansado, seguía su brega,
cunumi valiente, fuerza y conciencia.
Su tapeque repleto por naturaleza,
era dulce bonanza del jornalero.
Amaba al viejo, humilde carretero,
Símbolo fuerte, virginal belleza.
Al fin llego al presente su sombra,
y tapiosíes iluminaban palmares.
Las viejas casonas reclamando al ausente,
viejas costumbres, hoy en penumbras.
¡Amigos! Dijo al pueblo reunido,
Soy libertad, antiguos bajíos.
Rumbeador seguro, mangales bellacos.
Llevo un sombrero, sao en tejido mestizo.
Soy como el idilio del bibosi y el motacu,
Pauro del amor, fresco y cristalino.
Estirpe del cielo en tierra de ángeles
Mi Santa Cruz de la Sierra, ¡ Sangre y Urucú!
Pecho inspirado y sangre caliente,
tradición del camba lacero.
Jenecheru vivo, mañana y antaño,
llevo en mi espalda, el surco del viento.
Traigo el horneao, para compartir,
alimento sano para tiempos difíciles.
Soy como un sauce bien plantao
semilla de acero, que no sabe morir.
Soy como el chillchi en soledad,
Jane gigante en nube blanca.
Mi juventud es como el cielo nublao,
quiero para mi tierra, más generosidad.
Los hijos del pueblo crecido,
no escucharon la infanta voz.
El tari , se fue en el turbión del sueño,
poco quedó de la experiencia vivida.
Pero el camba, afirmo su bandera,
eligió verde santo, llena su selva.
Pintó con ternura, piel y hierba
y dio al palo santo nueva primavera.
Suspiro el guajojó con ternura humana,
cuando eligió el blanco brillante.
El intenso ideal del caminante,
fue beso apasionado, viento dominante.
Así renació el cruceño maduro,
un hombre que cree en su historia.
Elocuente, no pensaba en la gloria,
elevando su arte y voz al futuro.
¡¡Soy enérgica protesta
vida en voces calladas.
Traigo para mi pueblo
Dulces madrugadas!!
¡Medalla de oro a la cruceñidad!
Nueva savia y sapiencia.
Carretón literario, entre poemas,
que claman: ¡Viva el amor en miel de verdad!
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