Ocurrió no sé que día
de una mañana cualquiera,
quizá fuera algún domingo,
tal vez fuese primavera.
Deambulando por la calle
agachada la cabeza,
empapándome en el viento
embriagado de tristeza.
El cielo se pintó gris,
tocó tambores de guerra
y sus lanzas plateadas
acuchillaron la tierra.
Si fue grande el aguacero
que vomitó la tormenta:
horrible la granizada,
infernal la sobrevienta.
Mojado hasta el entrevivo¹,
sin una pulgada ilesa,
hallé cobijo en un bar;
compañía en una mesa.
A mi izquierda un bailarín
y un músico a mi derecha
denotaban en sus rostros
una carrera maltrecha.
En la barra el camarero
manoseaba a una fresca
sin el menor miramiento,
en una imagen dantesca.
Y en la pared un cartel
rezaba de forma escueta:
hoy el plato de la casa
es el dolor del poeta.
(1) Aunque no figura en el diccionario de la R. A. E, es una palabras muy usada en la gastronomía de mi tierra (aragonesa) y es un ingrediente fundamental de las migas a la pastora. Se utiliza para nombrar la grasa que envuelve las tripas de cordero.