IVAN CARRASCO AKIYAMA
Poeta recién llegado
Poesía costumbrista en arte mayor, serventesios dodecasílabos. ABAB y rima consonante.
Despertó septiembre, con sol de batalla,
despertó un valiente, buscando destino.
Voz de continente, la vital muralla,
Monte liberado del temple angelino.
Guardó su trasao vestido de blanco.
aspiró el surazo, mordió del sereno.
La muerte era lenta, de paciente flanco.
para un pueblo alegre, feliz, muy ameno.
Mi vida es ardiente, ritmo y taquirari
pasado, presente, verdad y creencia.
Soy arrofaldao, valiente gran tari.
En un atajao, guardo la inconsciencia
La fe, será siembra, semilla del fuerte,
que viene del pueblo, vital, orgulloso.
La vivaz Chaicita, que vence a la muerte
y fluye del alba, como gran coloso.
Lleva en su tapeque, natural certeza,
para seguir vivo, como jornalero.
Un símbolo fuerte, virginal belleza.
Inspirado acento, voz de carretero.
Al fin cruzó el verde, paisaje brillante,
las viejas casonas, en grandes altares.
Costumbres y clima, válido diamante,
tapiosies del alba, luces de palmares.
¡Amigos! son todos, mi pueblo reunido,
soy de los bajíos, del chillchi arrumaco.
Llevo un gran sombrero, del sao aguerrido,
viejo rumbeador, del mangal bellaco.
Traigo las caricias, del motacú amado
Es amor en Pauro, de dulzonas mieles.
Santa Cruz mi fuerza, lugar destacado
de ángeles es tierra, sol luna y pinceles.
De pecho inspirado, de sangre caliente,
tradición del monte, soy camba lacero.
Y es surco del viento, su coeficiente.
Jenecheru ardiente, mocete sillero.
Horneao blanco, para los amigos,
de manos morenas, en tiempos de gloria.
Hoy sin elementos, quedan los testigos
soy como gran sauce, llorando su historia...
Mi juventud brilla, florece sincera
fugaz chillchi clama, pide una verdad.
Jane de esperanza, voz de la pradera,
que pide al planeta mas serenidad.
El hijo del pueblo, fué en dolor forjado
su voz ignorada, por la cruel infancia.
Olvidada suerte, pobre hombre así aislado.
Tari sin miel dulce, la comida rancia.
Un día en septiembre, la fe fue bandera,
de la madre selva, surgió el palo santo.
Su música alegre, vistió primavera,
Las flores en hierba, forjaban su canto.
El guajojó triste, con ternura de hombre,
trinó de las sombras, y fue así abundante.
Beso apasionado, misterio sin nombre.
siembra de ideales, vital caminante.
El fruto del bosque, cruceño maduro,
corazón sincero, poder y memoria.
La voz elevada, que marca futuro,
es fluido del tiempo, semilla de gloria.
Ese fue el destino, del aire caliente,
que fue demarcando, la selva muy brava..
Héroe sin nombre, del monte durmiente.
Con majao y charque, despierto soñaba.
Oro y gran medalla, para el ser cruceño,
que lucha y es fuerte, de brazos potentes.
La voz que reclama, con vital empeño
por fuentes de vida, de los continentes.
Emprendió su marcha, como vencedor,
puntal de riquezas, de grandes emblemas.
Cansado, contento, como el forjador
de origen cunumi, virtud de diademas.
En jasayé grande, muy fácil llevaban.
ideales libres, pringados de honor.
Los desesperados, tiluchis clamaban,
no más guerras locas, ¡que viva el amor!
Despertó septiembre, con sol de batalla,
despertó un valiente, buscando destino.
Voz de continente, la vital muralla,
Monte liberado del temple angelino.
Guardó su trasao vestido de blanco.
aspiró el surazo, mordió del sereno.
La muerte era lenta, de paciente flanco.
para un pueblo alegre, feliz, muy ameno.
Mi vida es ardiente, ritmo y taquirari
pasado, presente, verdad y creencia.
Soy arrofaldao, valiente gran tari.
En un atajao, guardo la inconsciencia
La fe, será siembra, semilla del fuerte,
que viene del pueblo, vital, orgulloso.
La vivaz Chaicita, que vence a la muerte
y fluye del alba, como gran coloso.
Lleva en su tapeque, natural certeza,
para seguir vivo, como jornalero.
Un símbolo fuerte, virginal belleza.
Inspirado acento, voz de carretero.
Al fin cruzó el verde, paisaje brillante,
las viejas casonas, en grandes altares.
Costumbres y clima, válido diamante,
tapiosies del alba, luces de palmares.
¡Amigos! son todos, mi pueblo reunido,
soy de los bajíos, del chillchi arrumaco.
Llevo un gran sombrero, del sao aguerrido,
viejo rumbeador, del mangal bellaco.
Traigo las caricias, del motacú amado
Es amor en Pauro, de dulzonas mieles.
Santa Cruz mi fuerza, lugar destacado
de ángeles es tierra, sol luna y pinceles.
De pecho inspirado, de sangre caliente,
tradición del monte, soy camba lacero.
Y es surco del viento, su coeficiente.
Jenecheru ardiente, mocete sillero.
Horneao blanco, para los amigos,
de manos morenas, en tiempos de gloria.
Hoy sin elementos, quedan los testigos
soy como gran sauce, llorando su historia...
Mi juventud brilla, florece sincera
fugaz chillchi clama, pide una verdad.
Jane de esperanza, voz de la pradera,
que pide al planeta mas serenidad.
El hijo del pueblo, fué en dolor forjado
su voz ignorada, por la cruel infancia.
Olvidada suerte, pobre hombre así aislado.
Tari sin miel dulce, la comida rancia.
Un día en septiembre, la fe fue bandera,
de la madre selva, surgió el palo santo.
Su música alegre, vistió primavera,
Las flores en hierba, forjaban su canto.
El guajojó triste, con ternura de hombre,
trinó de las sombras, y fue así abundante.
Beso apasionado, misterio sin nombre.
siembra de ideales, vital caminante.
El fruto del bosque, cruceño maduro,
corazón sincero, poder y memoria.
La voz elevada, que marca futuro,
es fluido del tiempo, semilla de gloria.
Ese fue el destino, del aire caliente,
que fue demarcando, la selva muy brava..
Héroe sin nombre, del monte durmiente.
Con majao y charque, despierto soñaba.
Oro y gran medalla, para el ser cruceño,
que lucha y es fuerte, de brazos potentes.
La voz que reclama, con vital empeño
por fuentes de vida, de los continentes.
Emprendió su marcha, como vencedor,
puntal de riquezas, de grandes emblemas.
Cansado, contento, como el forjador
de origen cunumi, virtud de diademas.
En jasayé grande, muy fácil llevaban.
ideales libres, pringados de honor.
Los desesperados, tiluchis clamaban,
no más guerras locas, ¡que viva el amor!
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