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Poeta recién llegado
Mis ojos, dos gotas de hielo deslizándose por la alameda,
Donde cipreses galopan los hielos,
Y crines encienden el viento de rojos atardeceres, émulos de oro.
Mi corazón, es un golpe arrojado de repente
En el pecho febril y desnudo, poniéndole un nombre a la soledad.
Mientras la noche tácita se transmuta lentamente
En gente y su premura, en los árboles del camino,
En el silencio del mirlo, en las colinas,
Ahora sombra y vestigio de hermosura.
Y yo, solo un latido bajo la mirada extraña del orbe,
Y del crepúsculo a punto de tragarse mi sombra.
La umbría despabila su gris ritmo,
Y vuelve el Aegolius con su rito primitivo
A besar los paisajes y la nostalgia.
La nostalgia de amores perdidos y solitarios senderos de plata,
De luna y misterio; de amargas alboradas.
Y yo; todo pensamiento y locura, todo pasión y razones,
Todo ternura y manos vacías.
Y ella, ella solo un recuerdo en el viento;
Un deseo en la penumbra.
FEDE 07/09/2012
Donde cipreses galopan los hielos,
Y crines encienden el viento de rojos atardeceres, émulos de oro.
Mi corazón, es un golpe arrojado de repente
En el pecho febril y desnudo, poniéndole un nombre a la soledad.
Mientras la noche tácita se transmuta lentamente
En gente y su premura, en los árboles del camino,
En el silencio del mirlo, en las colinas,
Ahora sombra y vestigio de hermosura.
Y yo, solo un latido bajo la mirada extraña del orbe,
Y del crepúsculo a punto de tragarse mi sombra.
La umbría despabila su gris ritmo,
Y vuelve el Aegolius con su rito primitivo
A besar los paisajes y la nostalgia.
La nostalgia de amores perdidos y solitarios senderos de plata,
De luna y misterio; de amargas alboradas.
Y yo; todo pensamiento y locura, todo pasión y razones,
Todo ternura y manos vacías.
Y ella, ella solo un recuerdo en el viento;
Un deseo en la penumbra.
FEDE 07/09/2012
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