Jaime Araos
Poeta veterano/a en el portal
MARINA
No, no parece que fueras
ocaso adormilado,
ni gravedad brusca
e indolora,
ni fuiste dispersa
en la oscuridad
de un enigma perdido.
El eco de tu pelo
resuena meridiano,
interminable,
en medio de las olas,
furiosa dentellada,
sonora persistencia
de tu sismo.
En ese silencio tuyo
por tu paso o cielo,
o vastedad de noche,
o redentora bruma,
fluye, sin fondo,
tu voz de roquerío;
tu voz de mirador,
sombra de muelle;
estela de sonatas
presentidas,
surcos o torbellinos
en la arena.
Veleros
que traspasan
tu tersura,
las horas,
abrumadas,
te dilatan:
apenas son corales
en tus manos.
No, no parece que fueras
ocaso adormilado,
ni gravedad brusca
e indolora,
ni fuiste dispersa
en la oscuridad
de un enigma perdido.
El eco de tu pelo
resuena meridiano,
interminable,
en medio de las olas,
furiosa dentellada,
sonora persistencia
de tu sismo.
En ese silencio tuyo
por tu paso o cielo,
o vastedad de noche,
o redentora bruma,
fluye, sin fondo,
tu voz de roquerío;
tu voz de mirador,
sombra de muelle;
estela de sonatas
presentidas,
surcos o torbellinos
en la arena.
Veleros
que traspasan
tu tersura,
las horas,
abrumadas,
te dilatan:
apenas son corales
en tus manos.
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