Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
Silbido veloz, la fusta del tiempo barajando
la espalda,
la ventana azafranada del horizonte desnudó
armadura,
cabellera capeando el viento, espantando
los fantasmas
que se hacen polvo en el rejoneo de acuciadas
herraduras.
Meteoro con montura dejas tus mataduras
en el hado;
a tu paso flamea el oleaje erial al ritmo de mi tremola
capa;
tu negra vedeja espectral danza en mis ojos
derrengados;
tus músculos vencen la pulseada a la distancia que
derrapa.
Atravesando la luz que capitula ante tus
aceitunados ojos,
se levantan los arboles despeinados a tu paso
conquistador,
el canto lóbrego de la noche tirana, abre todos
los cerrojos,
dejando escapar umbrías figuras acechantes de
negro espesor.
Navega la tierra, corcel, abre los surcos,
rompe las huellas,
giró tantas veces el reloj de arena mi corazón
vehemente,
que exaspera la sangre camino al lecho de
mi doncella,
llévame hasta ella, cabalgadura nacida
en fuerza de torrente.
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