M.G.Is
Poeta recién llegado
Era una mañana fría, fuera las calles eran invisibles por la gruesa capa de niebla que se mantenía desde antes del amanecer. Aquel hombre de rostro extraño se levanto después de que sonara el claxon de un coche que acababa de detenerse bruscamente en la avenida, camino a la cocina donde un desayuno exquisito le esperaba, el vapor del café negro empaño los cristales de sus lentes y en ese punto su rostro adquirió cierto toque siniestro. Poco después de las 9 de la mañana salió del baño perfumado y enfundado elegante en su Dolce& Gabbana azul, antes de salir hecho un vistazo por la ventana, el clima ameritaba una bufanda y guantes a juego, miro por segunda vez por si amenazaba la lluvia, pero desvió su mirada hacia el manzano en las ramas más altas estaba un gato de nombre Jerez mirando hacia su casa insistente, con el amarillo de sus ojos penetrante, el hombre entonces cerro las cortinas.
Bajo al sótano, donde no acostumbraba a ir nadie de la servidumbre, respiro profundo, llevando su mente siete horas en el pasado. Hace siete horas Jerez estaba sentado frente a la puerta del sótano mirando insistentemente tratando de ver más allá de la madera, se escondió cuando el hombre subió a lavarse las manos y escapo cuando la criada que dejaba el desayuno a las ocho de la mañana entro.
El hombre despertó del trance con una sonrisa, abrió la puerta de la casa y se fue, regreso antes de las doce de la noche su traje había dejado de ser elegante, más bien parecían harapos, se dejo desvanecer en su diván favorito, cerrando los ojos. La puerta sin aceitar chilló, pudo verse una cola blanca desaparecer del pasillo.
-Vete de aquí animal-grito el hombre.
El gato de angora blanco se rasco la oreja con la pata trasera.
-Déjame salir- Dijo el gato con una voz que no era la propia de un felino.
El hombre quedo atónito.
-Déjame salir- grito el gato de nuevo.
-Vete- ordeno el hombre cuando caía al suelo desde su silla.
El gato se le subió al cuello, al hombre el temor lo mantuvo quieto.
Una lámpara iluminaba la calmada sala de estar, en el suelo se observaban un montón de papeles revueltos, un poco más a la derecha al lado de una silla de caoba brillaba una mancha de sangre y más a la derecha un hombre muerto parecía no concordar con la elegante decoración. En la puerta del sótano una mano transparente acariciaba a Jerez estaban sentados viendo las muñecas a tamaño natural que el hombre hacia todas la noches.
Bajo al sótano, donde no acostumbraba a ir nadie de la servidumbre, respiro profundo, llevando su mente siete horas en el pasado. Hace siete horas Jerez estaba sentado frente a la puerta del sótano mirando insistentemente tratando de ver más allá de la madera, se escondió cuando el hombre subió a lavarse las manos y escapo cuando la criada que dejaba el desayuno a las ocho de la mañana entro.
El hombre despertó del trance con una sonrisa, abrió la puerta de la casa y se fue, regreso antes de las doce de la noche su traje había dejado de ser elegante, más bien parecían harapos, se dejo desvanecer en su diván favorito, cerrando los ojos. La puerta sin aceitar chilló, pudo verse una cola blanca desaparecer del pasillo.
-Vete de aquí animal-grito el hombre.
El gato de angora blanco se rasco la oreja con la pata trasera.
-Déjame salir- Dijo el gato con una voz que no era la propia de un felino.
El hombre quedo atónito.
-Déjame salir- grito el gato de nuevo.
-Vete- ordeno el hombre cuando caía al suelo desde su silla.
El gato se le subió al cuello, al hombre el temor lo mantuvo quieto.
Una lámpara iluminaba la calmada sala de estar, en el suelo se observaban un montón de papeles revueltos, un poco más a la derecha al lado de una silla de caoba brillaba una mancha de sangre y más a la derecha un hombre muerto parecía no concordar con la elegante decoración. En la puerta del sótano una mano transparente acariciaba a Jerez estaban sentados viendo las muñecas a tamaño natural que el hombre hacia todas la noches.