Pasajero de la vida
A la cabeza de este pensamiento,
con el dolor en la mano
y los pies descalzos,
voy por las calles vacías de la ciudad;
y mis huesos, roídos por el tiempo,
me llevan a no sé dónde.
¡Qué triste es saber que se transita por el vacío!
A lo mejor no soy yo
quien camina por esta larga avenida de soledad;
a lo mejor es otro quien anda con mis pies.
Es corta la vida y largo el camino…
Es doloroso saber que hay árboles sin raíces;
hogares sin padres; ríos sin peces; nubes sin vestigios.
Es triste ser fiel compañera de la soledad;
aquellos, los que habitaron la orfandad,
envejecerán lejos de los suyos.
Pero dichosos aquellos que residieron
los reflejos de la felicidad;
y dichosos también aquellos que sueñan
un próspero porvenir para los hijos y la naturaleza.
A la cabeza mi pensamiento,
con la soledad en el pecho,
voy camino directo al más allá, al misterio.
Ser pasajero en la vida me entristece un poco,
pero más me duele ser viajero solitario,
que no deja ni rastro alguno en la estación.
¡Hombres, en efecto,
es hora de hacer nombres en la historia!
A la cabeza de este pensamiento,
con el dolor en la mano
y los pies descalzos,
voy por las calles vacías de la ciudad;
y mis huesos, roídos por el tiempo,
me llevan a no sé dónde.
¡Qué triste es saber que se transita por el vacío!
A lo mejor no soy yo
quien camina por esta larga avenida de soledad;
a lo mejor es otro quien anda con mis pies.
Es corta la vida y largo el camino…
Es doloroso saber que hay árboles sin raíces;
hogares sin padres; ríos sin peces; nubes sin vestigios.
Es triste ser fiel compañera de la soledad;
aquellos, los que habitaron la orfandad,
envejecerán lejos de los suyos.
Pero dichosos aquellos que residieron
los reflejos de la felicidad;
y dichosos también aquellos que sueñan
un próspero porvenir para los hijos y la naturaleza.
A la cabeza mi pensamiento,
con la soledad en el pecho,
voy camino directo al más allá, al misterio.
Ser pasajero en la vida me entristece un poco,
pero más me duele ser viajero solitario,
que no deja ni rastro alguno en la estación.
¡Hombres, en efecto,
es hora de hacer nombres en la historia!