Después de mucho pensarlo y de arrastrar las palabras a los abismos de introspección, buscando personar lo imperdonable y de ajustar cuentas para con el creador... después de hacer malabares con el resto de paciencia y espantar los rastrojos que ha traído la demencia, encuentro al fin y al cabo... encuentro que no estamos en ningún lado.
En un segundo de distancia y en un palmo de tiempo se han aglutinado las discordancias para enfrentarnos al simple hecho de que somos coincidencias de un pesado equipaje. Una pausa entre dos versos... un deseo largamente pospuesto.
Somos lo rastreadores de sueños... cazadores de retos. Buscamos una ambivalencia que le de cuantía y valor a la moneda que representa la justificación. Si, la justificación a nuestra propia existencia. Algo que nos pueda llevar a estar completamente seguros de que no somos un desperdicio de oxígeno.
En el contraste del valor universal... donde cada bucanero llena sus arcones con los tesoros más espléndidos que pueda visualizar en sus sueños... ahí, en ese preciso momento, encontramos que en lo grandioso de nuestra existencia, en el cenit del ascenso... nos encontramos con el abatimiento de la soledad... o simplemente con el deseo de estar junto a alguien más.
Al cazar nuestros propios retos somos perfectamente conscientes de que podemos hacer cuanto nos propongamos... vencer lo que sea.
Por lo menos, podemos alcanzar las cumbres más escabrosas siempre y cuando el valor no claudique antes de tiempo.
En un segundo de distancia y en un palmo de tiempo se han aglutinado las discordancias para enfrentarnos al simple hecho de que somos coincidencias de un pesado equipaje. Una pausa entre dos versos... un deseo largamente pospuesto.
Somos lo rastreadores de sueños... cazadores de retos. Buscamos una ambivalencia que le de cuantía y valor a la moneda que representa la justificación. Si, la justificación a nuestra propia existencia. Algo que nos pueda llevar a estar completamente seguros de que no somos un desperdicio de oxígeno.
En el contraste del valor universal... donde cada bucanero llena sus arcones con los tesoros más espléndidos que pueda visualizar en sus sueños... ahí, en ese preciso momento, encontramos que en lo grandioso de nuestra existencia, en el cenit del ascenso... nos encontramos con el abatimiento de la soledad... o simplemente con el deseo de estar junto a alguien más.
Al cazar nuestros propios retos somos perfectamente conscientes de que podemos hacer cuanto nos propongamos... vencer lo que sea.
Por lo menos, podemos alcanzar las cumbres más escabrosas siempre y cuando el valor no claudique antes de tiempo.
Última edición: