El Camión Azul

Juan Oriental

Poeta que considera el portal su segunda casa
Estoy tendido de espaldas en la nada.
Hay un camión azul de mi infancia entre las piedras.
En su caja amarilla, retira las piedras que cubren mi corazón.
Las piedras del derrumbe de mi fe.
Mi corazón sepulto no se queja; si por él fuera
seguiría enterrado de por vida.
Pero el camión azul, trabaja con ahínco: ¡patina, lucha!
Para impulsarse, afirma su culata en mi mentón,
y sus rueditas traseras, arañan suavemente mi garganta,
recordándome las cosquillas que de niño me hacía mi madre.

Cargado de piedras hasta el tope, arranca pecho abajo.
Me deja su olor a plástico en las narices, mixturado
con el de ciertas cosas que yo, cuando la fantasía me hacía
su invicto conductor, le cargaba a él: tierrita suelta, piñas de pino
de la playa, botones de semilla de eucalipto, gramilla fresca...
Pero por sobre todo, le cargaba ilusiones. ¡Ah, el aroma de la ilusión!

A pesar que ya no le doy voz con mi boca a su silente motor,
nunca a contra mano, el camión azul toma por mi pierna derecha,
sube y baja cuidadosamente mi rodilla, se descuelga
a un lado del obstáculo que le significa el empeine de mi pie,
y se aleja a volcar su carga quién sabe dónde.
Ya volverá a mi pecho, sobre mi corazón.

Es que él aún confía en mí; cree firmemente que algún día,
aunque más no sea a mis setenta o cien años,
yo tendré un camión azul de verdad; es decir,
un buen proyecto cumplido.
En fin, habrá que hacer algo al respecto entonces;
pues, por más desengaño que conlleve el mucho existir,
jamás debe uno defraudar el cándido propósito de un juguete.

Ahí viene otra vez...


.
 
Última edición:
Estoy en la nada, tendido de espaldas. Hay un camión azul de mi infancia entre las piedras. Con su pala amarilla, retira las piedras que cubren mi corazón. Las piedras del derrumbe de mi fe. Mi corazón, sepulto, no se queja; si por él fuera, seguiría enterrado de por vida. Pero, el camión azul trabaja con ahínco: ¡Patina, lucha! Para impulsarse, afirma su culata en mi mentón, y sus rueditas traseras arañan suavemente mi garganta, recordándome las cosquillas de mi madre.

Cargado de piedras hasta el tope, arranca pecho abajo dejándome en las narices, su olor a plástico, mixturado con el de ciertas cosas que yo, cuando la fantasía me hacía su invicto conductor, le cargaba a él: tierrita suelta, piñas de pino de la playa, botones de semilla de eucalipto, gramilla fresca... Pero por sobre todo, le cargaba ilusiones. ¡Ah, el olor de la ilusión!

A pesar que ya no le doy voz con mi boca a su silente motor, nunca a contra mano, el camión azul toma por mi pierna derecha, sube y baja cuidadosamente mi rodilla, se descuelga a un lado del obstáculo que le significa el empeine de mi pie, y se aleja a volcar su carga quién sabe dónde. Ya volverá a mi pecho, sobre mi corazón.

Es que él aún confía en mí. Cree firmemente que algún día, aunque más no sea a mis setenta o cien años, yo tendré un camión azul de verdad. Es decir, un buen proyecto cumplido. En fin, habrá que hacer algo al respecto, pues, por más desengaño que conlleve el mucho existir, jamás debe uno defraudar el cándido propósito de un juguete.

Ahí viene otra vez...

.


Juan
Es una narrativa muy linda, con esos sueños nacidos en la niñez y esa fuerza que siempre está presente para
recordarnos que aún tenemos que alcanzarlos. Esa imagen del camión azul me atrae tanta ternura.
Mis felicitaciones y estrellas
Saludos
Ana
 
Juan
Es una narrativa muy linda, con esos sueños nacidos en la niñez y esa fuerza que siempre está presente para
recordarnos que aún tenemos que alcanzarlos. Esa imagen del camión azul me atrae tanta ternura.
Mis felicitaciones y estrellas
Saludos
Ana
Muchas gracias, Ana, por tu sensible y preciso comentario. Hasta siempre.
 
primera vez que te leo y me encanto imaginar ese camioncito que poco a poco va quitando las tristezas,dicen que soñar no cuesta nada pero hay veces que si...
 
primera vez que te leo y me encanto imaginar ese camioncito que poco a poco va quitando las tristezas,dicen que soñar no cuesta nada pero hay veces que si...
Así es, Princesa, es un camioncito laborioso como el amor de un ser qurerido capaz de cualquier sacrificio por liberarte de un pesar, y al mismo tiempo, alentarte en cualquier proyecto de vida. Jamás deberíamos olvidar la buena voluntad y empeño de quien bien nos quiere, así ya no esté a nuestro lado...o si. Muy amable de tu parte. Saludos.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba