dragon_ecu
Esporádico permanente
La hileras de luces tan separadas a la mano, se parecen enamorar a la distancia. De a poco se van uniendo, reforzándose una a la otra.
Mientras camino, voy pensando alegremente, qué bueno que haya luces, hace frío, y la avenida está vacía.
Me entretuve demasiado en la linares, jugando al billar, tomando cervezas, haciendo... lo que habitualmente se hace en la linares.
Es tarde, y mis amigos se han ido ya a sus casas, cada uno ha tomado un rumbo distinto.
Uno tomó la unidad nacional hacia arriba. Otro fue para la Vargas Torres. Y los dos últimos fueron apoyándose sus manos sobre las paredes del colegio de las conejas.
Yo tomo por la González Suárez.
Apenas he caminado dos cuadras y veo en la esquina siguiente una hermosa aparición. Una muchacha alta, de formas rubicundas y proporcionadas como las que Dios ordenaba a los renacentistas a pintar en su óleos, y que Capiscara y amigos trastocaban por querubines cobrizos y zambos.
Se notaban sus cabellos rubios sueltos a la brisa enredando los sueños de aquellos que al verla, solo desearán soñar con ella esa noche.
De pronto la veo resbalar, y cae.
Me apresuro a ayudarle, y al tomar su mano le siento un frío propio del mármol.
Su piel es tan blanca... y su pelo tan rubio. El rostro parece una mezcla de las figuras de imagen de santa... de virgen... y perfil de estrella disco.
Sus pestañas largas y muy pobladas apenas se notan, pues son tan claras como el rubio de sus cabellos.
Sus cejas son perfectas y su frente parece una playa de arena brillante y blanca.
Los labios rosas pálidos apenas esconden sus dientes de perlas, mientras su nariz respingada le da un aire de nobleza. Es tan bella que demoro en reaccionar y darme cuenta que está desmayada.
Es tan hermosa, y está tan fría. Me quito la chaqueta y la abrigo, cubro sus brazos.
Apenas entreabre sus ojos y los veo dulce de miel.
Me habla pero no le escucho por verle. Estoy embelesado, estoy... mudo.
―Por favor, llévame a mi casa. Es aquí cerca.
Le tomo con delicadeza, tratando de no rozar demasiado su cuerpo.
Pero ella resbala y debo abrazarla por la cintura.
Ella levanta su brazo y rodeando mis hombros cruza su otro brazo y me encierra cual boa a su presa.
―Me duele el tobillo, ¿me cargas?
Me agacho un poco y mi brazo se desliza por su espalda, dobla las piernas y la sujeto con firmeza.
―Te pensaba más pesada ―le dije.
Ella coqueta responde.
―Solo peso lo justo para que me levantes.
Me hago el loco y trato de mirar a otro lado, mientras su blusa ligeramente se entreabre asomando un pedazo de cielo hecho carne. Pero siento como su mirada me va recorriendo lentamente.
La piel me quema. Me queman los labios... Me quema el cuello.
No sé qué me pasa pero estoy seguro que ella está consciente de lo que me provoca.
―Tranquilo, no muerdo. Además mi casa queda en la siguiente esquina.
Abro un portón y entro a un patio lleno de rosas rosas y rojas y al medio del jardín sobre la pileta central un pequeño florero con una rosa azul oscura, casi negra. Lo más extraño que el olor no es de rosas, es una especie de jazmín pero muy atenuado, casi imperceptible.
Ella me toma la quijada.
―Ya puedes bajarme, ponme en aquel sillón.
Recién caigo en cuenta que hay una sillón con cojines rosados a mi lado, y la deposito lentamente.
―Gracias, eres muy amable, ¿cómo te llamas?
―Oscar... ¿y tú eres? ―respondí preguntando.
―Me llamo Ivonne, pero me apodan Mori.
―Bueno si gusta puedes decirme cariño, digo. Es que algunas amigas me dicen Oscarinho, y bueno... quedó en cariño.
Su mirada parecía brillar y hasta los hubiera confundido con luceros, de no ser porque estaban debajo de esas cejas rubias maravillosas, a los lados de su nariz de actriz de cine, encima de sus labios rosados.
―Gracias por todo Oscar, ya es muy tarde y no quiero quitarte tu tiempo, además ya vienen a verme y no les gustará que nos vean solos aquí.
Solo entendí que no convenía quedarme...
Me acerqué tratando de besar su mejilla.
Ella giró su cara al mismo tiempo, y el cielo se abrió de repente.
Toqué con mis labios las nubes.
Mis manos rozaron sus pechos
Mientras sentía como unos dedos delgados me tomaban por la nuca.
Mientras otra mano buscaba mi hombría.
La pasión se desbordó.
Los búhos callaron.
Ni una sola hoja fue agitada por el viento.
El mundo se había detenido.
Mientras una cópula se consumaba.
El cielo era testigo del frenesí de dos cuerpos hundiéndose sobre la hierba.
Las ropas se fundieron a la piel y podría decirse que sentía su blusa besar mi camisa.
Los únicos retazos de tela que nos impedían unirnos desaparecieron por alguna arte mágica.
Las ansias se juntaron de tal forma que los volcanes del otro lado de la luna entraron en erupción.
Y del fondo del mar se escuchaba el llorar de las almas de amantes en pena.
Los amantes que jamás pudieron consumar su amor ... ―sigue hazlo por ti... hazlo por mí... goza por nosotros.
La pasión tomó nuestros cuerpos y nos mantuvo posesos hasta perder la cordura.
Los dos desechos apenas con fuerza para levantarnos, nos vimos.
―Mejor vete.
―¿Te puedo ver de nuevo? ―pregunté.
―No hace falta, me llevarás por siempre en tu mirada ― respondió.
No entendí, pero escuchar los ladridos de perros gritando canciones de su amor por la luna me regresó a tocar el suelo.
―Debo irme. ¿Te puedo robar un beso?
―Róbame la vida que ya no tengo.
Nuestros labios se juntaron...
―Gracias ―le susurré.
―Agradecer un beso robado, es invitar a que te roben otro.
Sentí esta vez una lágrima fría con ligero sabor de sal recorriendo de sus ojos a mis labios.
―Vendré mañana a verte.
Me dijo. ―No vuelvas acá, búscame donde nos vimos hoy.
―Encuéntrame en el mismo sitio donde nos vimos.
―¿Y eso por qué?
―Los vecinos metiches inventan historias tontas, que por aquí espantan, que a medianoche salen los muertos. Tonterías de viejos.
―Está bien, si así lo quieres te esperaré en la esquina siguiente del cuartel de bomberos. Fue allí desde donde te vi, y me hechizaste.
―Embustero.
―Ojos brujos.
Me fui con una sonrisa enorme, así como un gran cansancio.
A todo esto, ¿qué hora era?
Recordaba haber dejado a mis amigos a las doce menos cuarto, y eran entonces... ¿las cuatro treinta de la mañana?... ufaaa que nochecita había tenido.
Iba a salir corriendo a mi casa, pero recordé que debía cruzar el redondel de la González Suárez y la Bolívar y luego llegar a la avenida de las Américas. Debía ser cuidadoso, pues ya ha habido varias muertes allí. Es una curva cerrada con un parterre angosto, y es una calle empinada por lo que un chófer a esa hora algo mareado, difícilmente podría ver, peor esquivar a un peatón enamorado.
Claro, las vecinas y sus cuentos, decían que allí había mucho joven, y varios donjuanes atropellados, quienes fueron enamorados por la muerte que los sedujo.
Miré a ambos lados, crucé calmo y sin prisas, y de la nada ¡ZAZ!
Un coche que surge de la nada, se perdió en la misma nada de donde había surgido.
Pensar en cuentos de viejas. ¡JA!, ¡casi muero de verdad!
Sin embargo tomé más cuidado y me dirigí a la casa en Ingahurco.
Al día siguiente me levanté pensando, ¿qué le llevo de regalo? Bombones, un peluche, una tarjeta de enamorado... mejor me asesoro de especialistas.
Iré a la casa de mis primas. Ellas risueñas, coquetas y enamoradizas como eran, de seguro me sabrían aconsejar.
Bajé silbando por la calle mientras iba imaginando que nuevos dulces probaría esa tarde.
Al llegar las veo a todas vestidas de negro.
―¿Sucede algo? ―pregunté.
Las chicas se me acercaron algo molestas.
―Sí, sucede que un tío lejano se le ocurrió la graciosa idea de tirarse por el callejón de la esquina de la muerta. En mal momento se fue a matar cuando este fin de semana justo íbamos a realizar la fiesta del colegio.
―Pero, ¿adónde van?
―¿Eres ciego que no ves que estamos vestidas de luto?. Vamos al cementerio a la misa y entierro del tío.
―Pero si recién ayer murió, ¿ es que no lo van a velar?
―El pobre quedó tan destrozado que es imposible ver sus restos sin sentir asco y miedo. Por eso no se permitirá abrir la caja y nadie podrá verlo.
―Pero la tía Rosa dice que él tuvo amores con la muerta y su cara quedó tan horriblemente desencajada por el terror que no hay humano que tolere verla, a menos y desee sufrir la misma condena. Cuentos de viejas, ya sabes.
―Una pena, pero como no era mi tío, me escapo.
Y salí corriendo antes que a mis primas se les ocurra obligarme a acompañarles.
Fui al centro a buscar los bombones y flores pero me encuentro que la calle Bolívar está llena de puestos de feria. ¡???
A un muchacho que veo pasar le pregunto: ―¿Y esto qué es?
―Ah, son los barros.
―¿ Los barros ? Me preguntaba a mi mismo y al chico al mismo tiempo.
―Mono has de ser que no sabes qué son los barros.
―Verás mono, acá en finados no solo es la guagua de pan y la mazamorra morada, también se acostumbra poner una feria de juguetes y adornos de barro.
Con la cara de idiota que le puse el serrano se burló de mí y luego me explicó.
―Pasa que antes se enterraban a los difuntos en vasijas de barro, y además se llevaba comida a los difuntos, y si eran niños, les llevaban juguetes para que sus almas sean felices jugando a lado de la muerte. Y así quedó la costumbre, cada día de finados se instala la feria de los barros.
―Como vos no eres de aquí seguro no te da miedo, pero tendrás cuidado, en estas noches la muerte sale a enamorar a los aventureros.
Más cuentos de viejas me dije en mis adentros. Nada ahora a los bombones y ... huy... ya es la hora en que salen las Molinas a su vuelta al parque Montalvo.
Las horas pasaron y las Molinas me ayudaron a comprar el mejor ramo de rosas y la más barata caja de bombones que pudimos conseguir, claro coqueteando una de ellas con el dependiente del almacén. Pensaban tal vez que el regalo sería para una de ellas, o de sus primas las Ronquillo, pero ¡no! ... este regalo es para Ivonne.
Fuimos a la casa Ronquillo, y mientras me brindaban café con pan de pinyo, me pidieron que les ayude a matar unos cuyes.
Bueno, bien acompañado, con café caliente y dulce, y además cuy, me dispuse a pasar un buen momento.
Las horas cayeron como baraja de naipes, como fichas de dominó en un programa gringo, como la utilería del chavo del ocho al caerse arrastrando medio estudio consigo.
―Niñas ya es tarde y les dejo.
―¡ NO! ―gritaron―. Que es noche de finados, y la muerta anda sedienta de sangre joven.
―Que muerta ni que muerta. Déjense de pendejadas, que me voy a ver a Ivonne.
―Mono pendejo ándate de aquí si quieres.
Y me fui.
Bajando por la Merced, por media calle Bolívar, traté de ver si el cine de la Vargas Torres se hallaba abierto. ¡Mierda! Cerrado, tanta vaina de este finados y la feria de los barros.
Mientras avanzaba la feria se iba haciendo nada, diez puestos... cuatro puestos... y al final una señora vendiendo anís con trago, canelazo y guayusa.
Me serví uno para el frío que se hizo de pronto presente. Y seguí mi camino.
Flores y bombones en mano caminé hacia la casa de Ivonne. Y en eso...
¡Rayos!. Me dijo que nos viéramos en la misma esquina donde nos topamos ayer.
Regresé mis pasos despacio pues aún había tiempo. Al girar caí en cuenta que no había nadie en la calle. Subía por la Bolívar hacia la Abdón Calderón. .. y de pronto, un susurro de pasos lejanos.
Tap ...________ tap...________ tap...________ tap...
Bueno al menos no estaré ya solo, y al regresar al ver me topé a ¿nadie?.
Tap..._______ tap..._______ tap..._______ tap...
Me giré de nuevo y seguí caminando.
Tap...______ tap...______ tap...______ tap...
Regresé apenas la mirada tratando de ver alguna sombra. Seguro es algún ladrón, y trata de robarle a un mono. Me reía calladamente tratando de armar una trampa al torpe choro.
Tap..._____ tap..._____ tap..._____ tap...
Los pasos se oyen más cerca.
Tap...____ tap...____ tap...____ tap...
Tap...___ tap...___ tap...___ tap...
Regreso de golpe y ¿no hay nadie?
Tap...__ tap...__ tap...__ tap...
La espina dorsal se me congeló de repente y salí corriendo del sitio.
Tap..._ tap..._ tap..._ tap...
Tap ... tap... tap... tap...
Corrí a la Abdon Calderón y pensé: ¡ el cuartel de bomberos !
Corté por allí y fui suplicando a mis pulmones que no me de soroche ahí mismo... ¡Necesito el aire para correr!
Al llegar a la estación de bomberos los tipos al verme tan pálido me llevaron adentro enseguida.
―¿Carajo qué te pasa mono de mierda? ¿Por qué viene corriendo así? ¡ Mono corriendo de noche es soroche seguro!
―Ivo... Ivo...
―¿ Qué dices mono pendejo?
―Ivonne... Ivonne, debo ir a ver a Ivonne.
―¿A Ivonne? , ¿ y en donde le vas a ver?
―En la esquina del redondel del cementerio.
―Pendejo no vayas nada... allí al pie es la casa de la muerta.
-----
Mapa del sitio. Ambato - Ecuador.
Notas:
La linares - antigua casa de distracción de adultos en Ambato. Fue tan popular que luego todo sitio similar era llamado de esa forma.
Colegio de las Conejas - Colegio Nacional de señoritas Ambato, por sus siglas CNA y el uniforme característico de color plomo, sus estudiantes eran llamadas "conejas nacidas en Ambato" o popularmente "conejas".
Capiscara - escultor renombrado quien junto a otros artistas de su época (colonial), impusieron un estilo especial, como dar facciones indígenas o bien querubines y ángeles negros en sus obras. Este estilo hoy en día se le reconoce como "la escuela Quiteña".
La rosa azul es una alegoría a la muerte y al maíz morado, con cuya harina se prepara la mazamorra morada.
Mori - relativo a la muerte, Morrigan.
Ingahurco - barriada popular de la ciudad de Ambato / Ecuador.
Guagas de pan - pan en forma de muñeca, habitual durante la época de finados en Ecuador.
Mazamorra morada - bebida en forma de colada con varias frutas, elaborada con maíz morado de donde toma su color. Habitual en época de finados en el Ecuador y otras zonas andinas.
Mono - nombre que les dan los habitantes de la serranía a los costeños. se usa en varias partes de Sudamérica. En otros países suelen emplear otros regionalismos como por ejemplo, serrano, cachaco, montuvio, etc.
Pan de pinyo - pan tradicional de Ambato, muy apetecido e incluso en ocasiones exportado fuera del país.
Cuyes - En singular cuy. Cobayos, especie de roedores criados específicamente para ser empleados como alimento. Alimento típico de la serranía andina.
Canelaso - bebida típica hecha con infusión caliente de canela y licor.
Guayusa - planta típica del oriente ecuatoriano, símil a la amapola o dormidera. Infusión caliente preparada con las hojas de la planta.
Choro - ladrón, asaltante.
Soroche - mal de altura, falta de aire que padecen las personas no habituadas a sitios muy altos.
Mientras camino, voy pensando alegremente, qué bueno que haya luces, hace frío, y la avenida está vacía.
Me entretuve demasiado en la linares, jugando al billar, tomando cervezas, haciendo... lo que habitualmente se hace en la linares.
Es tarde, y mis amigos se han ido ya a sus casas, cada uno ha tomado un rumbo distinto.
Uno tomó la unidad nacional hacia arriba. Otro fue para la Vargas Torres. Y los dos últimos fueron apoyándose sus manos sobre las paredes del colegio de las conejas.
Yo tomo por la González Suárez.
Apenas he caminado dos cuadras y veo en la esquina siguiente una hermosa aparición. Una muchacha alta, de formas rubicundas y proporcionadas como las que Dios ordenaba a los renacentistas a pintar en su óleos, y que Capiscara y amigos trastocaban por querubines cobrizos y zambos.
Se notaban sus cabellos rubios sueltos a la brisa enredando los sueños de aquellos que al verla, solo desearán soñar con ella esa noche.
De pronto la veo resbalar, y cae.
Me apresuro a ayudarle, y al tomar su mano le siento un frío propio del mármol.
Su piel es tan blanca... y su pelo tan rubio. El rostro parece una mezcla de las figuras de imagen de santa... de virgen... y perfil de estrella disco.
Sus pestañas largas y muy pobladas apenas se notan, pues son tan claras como el rubio de sus cabellos.
Sus cejas son perfectas y su frente parece una playa de arena brillante y blanca.
Los labios rosas pálidos apenas esconden sus dientes de perlas, mientras su nariz respingada le da un aire de nobleza. Es tan bella que demoro en reaccionar y darme cuenta que está desmayada.
Es tan hermosa, y está tan fría. Me quito la chaqueta y la abrigo, cubro sus brazos.
Apenas entreabre sus ojos y los veo dulce de miel.
Me habla pero no le escucho por verle. Estoy embelesado, estoy... mudo.
―Por favor, llévame a mi casa. Es aquí cerca.
Le tomo con delicadeza, tratando de no rozar demasiado su cuerpo.
Pero ella resbala y debo abrazarla por la cintura.
Ella levanta su brazo y rodeando mis hombros cruza su otro brazo y me encierra cual boa a su presa.
―Me duele el tobillo, ¿me cargas?
Me agacho un poco y mi brazo se desliza por su espalda, dobla las piernas y la sujeto con firmeza.
―Te pensaba más pesada ―le dije.
Ella coqueta responde.
―Solo peso lo justo para que me levantes.
Me hago el loco y trato de mirar a otro lado, mientras su blusa ligeramente se entreabre asomando un pedazo de cielo hecho carne. Pero siento como su mirada me va recorriendo lentamente.
La piel me quema. Me queman los labios... Me quema el cuello.
No sé qué me pasa pero estoy seguro que ella está consciente de lo que me provoca.
―Tranquilo, no muerdo. Además mi casa queda en la siguiente esquina.
Abro un portón y entro a un patio lleno de rosas rosas y rojas y al medio del jardín sobre la pileta central un pequeño florero con una rosa azul oscura, casi negra. Lo más extraño que el olor no es de rosas, es una especie de jazmín pero muy atenuado, casi imperceptible.
Ella me toma la quijada.
―Ya puedes bajarme, ponme en aquel sillón.
Recién caigo en cuenta que hay una sillón con cojines rosados a mi lado, y la deposito lentamente.
―Gracias, eres muy amable, ¿cómo te llamas?
―Oscar... ¿y tú eres? ―respondí preguntando.
―Me llamo Ivonne, pero me apodan Mori.
―Bueno si gusta puedes decirme cariño, digo. Es que algunas amigas me dicen Oscarinho, y bueno... quedó en cariño.
Su mirada parecía brillar y hasta los hubiera confundido con luceros, de no ser porque estaban debajo de esas cejas rubias maravillosas, a los lados de su nariz de actriz de cine, encima de sus labios rosados.
―Gracias por todo Oscar, ya es muy tarde y no quiero quitarte tu tiempo, además ya vienen a verme y no les gustará que nos vean solos aquí.
Solo entendí que no convenía quedarme...
Me acerqué tratando de besar su mejilla.
Ella giró su cara al mismo tiempo, y el cielo se abrió de repente.
Toqué con mis labios las nubes.
Mis manos rozaron sus pechos
Mientras sentía como unos dedos delgados me tomaban por la nuca.
Mientras otra mano buscaba mi hombría.
La pasión se desbordó.
Los búhos callaron.
Ni una sola hoja fue agitada por el viento.
El mundo se había detenido.
Mientras una cópula se consumaba.
El cielo era testigo del frenesí de dos cuerpos hundiéndose sobre la hierba.
Las ropas se fundieron a la piel y podría decirse que sentía su blusa besar mi camisa.
Los únicos retazos de tela que nos impedían unirnos desaparecieron por alguna arte mágica.
Las ansias se juntaron de tal forma que los volcanes del otro lado de la luna entraron en erupción.
Y del fondo del mar se escuchaba el llorar de las almas de amantes en pena.
Los amantes que jamás pudieron consumar su amor ... ―sigue hazlo por ti... hazlo por mí... goza por nosotros.
La pasión tomó nuestros cuerpos y nos mantuvo posesos hasta perder la cordura.
Los dos desechos apenas con fuerza para levantarnos, nos vimos.
―Mejor vete.
―¿Te puedo ver de nuevo? ―pregunté.
―No hace falta, me llevarás por siempre en tu mirada ― respondió.
No entendí, pero escuchar los ladridos de perros gritando canciones de su amor por la luna me regresó a tocar el suelo.
―Debo irme. ¿Te puedo robar un beso?
―Róbame la vida que ya no tengo.
Nuestros labios se juntaron...
―Gracias ―le susurré.
―Agradecer un beso robado, es invitar a que te roben otro.
Sentí esta vez una lágrima fría con ligero sabor de sal recorriendo de sus ojos a mis labios.
―Vendré mañana a verte.
Me dijo. ―No vuelvas acá, búscame donde nos vimos hoy.
―Encuéntrame en el mismo sitio donde nos vimos.
―¿Y eso por qué?
―Los vecinos metiches inventan historias tontas, que por aquí espantan, que a medianoche salen los muertos. Tonterías de viejos.
―Está bien, si así lo quieres te esperaré en la esquina siguiente del cuartel de bomberos. Fue allí desde donde te vi, y me hechizaste.
―Embustero.
―Ojos brujos.
Me fui con una sonrisa enorme, así como un gran cansancio.
A todo esto, ¿qué hora era?
Recordaba haber dejado a mis amigos a las doce menos cuarto, y eran entonces... ¿las cuatro treinta de la mañana?... ufaaa que nochecita había tenido.
Iba a salir corriendo a mi casa, pero recordé que debía cruzar el redondel de la González Suárez y la Bolívar y luego llegar a la avenida de las Américas. Debía ser cuidadoso, pues ya ha habido varias muertes allí. Es una curva cerrada con un parterre angosto, y es una calle empinada por lo que un chófer a esa hora algo mareado, difícilmente podría ver, peor esquivar a un peatón enamorado.
Claro, las vecinas y sus cuentos, decían que allí había mucho joven, y varios donjuanes atropellados, quienes fueron enamorados por la muerte que los sedujo.
Miré a ambos lados, crucé calmo y sin prisas, y de la nada ¡ZAZ!
Un coche que surge de la nada, se perdió en la misma nada de donde había surgido.
Pensar en cuentos de viejas. ¡JA!, ¡casi muero de verdad!
Sin embargo tomé más cuidado y me dirigí a la casa en Ingahurco.
Al día siguiente me levanté pensando, ¿qué le llevo de regalo? Bombones, un peluche, una tarjeta de enamorado... mejor me asesoro de especialistas.
Iré a la casa de mis primas. Ellas risueñas, coquetas y enamoradizas como eran, de seguro me sabrían aconsejar.
Bajé silbando por la calle mientras iba imaginando que nuevos dulces probaría esa tarde.
Al llegar las veo a todas vestidas de negro.
―¿Sucede algo? ―pregunté.
Las chicas se me acercaron algo molestas.
―Sí, sucede que un tío lejano se le ocurrió la graciosa idea de tirarse por el callejón de la esquina de la muerta. En mal momento se fue a matar cuando este fin de semana justo íbamos a realizar la fiesta del colegio.
―Pero, ¿adónde van?
―¿Eres ciego que no ves que estamos vestidas de luto?. Vamos al cementerio a la misa y entierro del tío.
―Pero si recién ayer murió, ¿ es que no lo van a velar?
―El pobre quedó tan destrozado que es imposible ver sus restos sin sentir asco y miedo. Por eso no se permitirá abrir la caja y nadie podrá verlo.
―Pero la tía Rosa dice que él tuvo amores con la muerta y su cara quedó tan horriblemente desencajada por el terror que no hay humano que tolere verla, a menos y desee sufrir la misma condena. Cuentos de viejas, ya sabes.
―Una pena, pero como no era mi tío, me escapo.
Y salí corriendo antes que a mis primas se les ocurra obligarme a acompañarles.
Fui al centro a buscar los bombones y flores pero me encuentro que la calle Bolívar está llena de puestos de feria. ¡???
A un muchacho que veo pasar le pregunto: ―¿Y esto qué es?
―Ah, son los barros.
―¿ Los barros ? Me preguntaba a mi mismo y al chico al mismo tiempo.
―Mono has de ser que no sabes qué son los barros.
―Verás mono, acá en finados no solo es la guagua de pan y la mazamorra morada, también se acostumbra poner una feria de juguetes y adornos de barro.
Con la cara de idiota que le puse el serrano se burló de mí y luego me explicó.
―Pasa que antes se enterraban a los difuntos en vasijas de barro, y además se llevaba comida a los difuntos, y si eran niños, les llevaban juguetes para que sus almas sean felices jugando a lado de la muerte. Y así quedó la costumbre, cada día de finados se instala la feria de los barros.
―Como vos no eres de aquí seguro no te da miedo, pero tendrás cuidado, en estas noches la muerte sale a enamorar a los aventureros.
Más cuentos de viejas me dije en mis adentros. Nada ahora a los bombones y ... huy... ya es la hora en que salen las Molinas a su vuelta al parque Montalvo.
Las horas pasaron y las Molinas me ayudaron a comprar el mejor ramo de rosas y la más barata caja de bombones que pudimos conseguir, claro coqueteando una de ellas con el dependiente del almacén. Pensaban tal vez que el regalo sería para una de ellas, o de sus primas las Ronquillo, pero ¡no! ... este regalo es para Ivonne.
Fuimos a la casa Ronquillo, y mientras me brindaban café con pan de pinyo, me pidieron que les ayude a matar unos cuyes.
Bueno, bien acompañado, con café caliente y dulce, y además cuy, me dispuse a pasar un buen momento.
Las horas cayeron como baraja de naipes, como fichas de dominó en un programa gringo, como la utilería del chavo del ocho al caerse arrastrando medio estudio consigo.
―Niñas ya es tarde y les dejo.
―¡ NO! ―gritaron―. Que es noche de finados, y la muerta anda sedienta de sangre joven.
―Que muerta ni que muerta. Déjense de pendejadas, que me voy a ver a Ivonne.
―Mono pendejo ándate de aquí si quieres.
Y me fui.
Bajando por la Merced, por media calle Bolívar, traté de ver si el cine de la Vargas Torres se hallaba abierto. ¡Mierda! Cerrado, tanta vaina de este finados y la feria de los barros.
Mientras avanzaba la feria se iba haciendo nada, diez puestos... cuatro puestos... y al final una señora vendiendo anís con trago, canelazo y guayusa.
Me serví uno para el frío que se hizo de pronto presente. Y seguí mi camino.
Flores y bombones en mano caminé hacia la casa de Ivonne. Y en eso...
¡Rayos!. Me dijo que nos viéramos en la misma esquina donde nos topamos ayer.
Regresé mis pasos despacio pues aún había tiempo. Al girar caí en cuenta que no había nadie en la calle. Subía por la Bolívar hacia la Abdón Calderón. .. y de pronto, un susurro de pasos lejanos.
Tap ...________ tap...________ tap...________ tap...
Bueno al menos no estaré ya solo, y al regresar al ver me topé a ¿nadie?.
Tap..._______ tap..._______ tap..._______ tap...
Me giré de nuevo y seguí caminando.
Tap...______ tap...______ tap...______ tap...
Regresé apenas la mirada tratando de ver alguna sombra. Seguro es algún ladrón, y trata de robarle a un mono. Me reía calladamente tratando de armar una trampa al torpe choro.
Tap..._____ tap..._____ tap..._____ tap...
Los pasos se oyen más cerca.
Tap...____ tap...____ tap...____ tap...
Tap...___ tap...___ tap...___ tap...
Regreso de golpe y ¿no hay nadie?
Tap...__ tap...__ tap...__ tap...
La espina dorsal se me congeló de repente y salí corriendo del sitio.
Tap..._ tap..._ tap..._ tap...
Tap ... tap... tap... tap...
Corrí a la Abdon Calderón y pensé: ¡ el cuartel de bomberos !
Corté por allí y fui suplicando a mis pulmones que no me de soroche ahí mismo... ¡Necesito el aire para correr!
Al llegar a la estación de bomberos los tipos al verme tan pálido me llevaron adentro enseguida.
―¿Carajo qué te pasa mono de mierda? ¿Por qué viene corriendo así? ¡ Mono corriendo de noche es soroche seguro!
―Ivo... Ivo...
―¿ Qué dices mono pendejo?
―Ivonne... Ivonne, debo ir a ver a Ivonne.
―¿A Ivonne? , ¿ y en donde le vas a ver?
―En la esquina del redondel del cementerio.
―Pendejo no vayas nada... allí al pie es la casa de la muerta.
-----
Mapa del sitio. Ambato - Ecuador.
Notas:
La linares - antigua casa de distracción de adultos en Ambato. Fue tan popular que luego todo sitio similar era llamado de esa forma.
Colegio de las Conejas - Colegio Nacional de señoritas Ambato, por sus siglas CNA y el uniforme característico de color plomo, sus estudiantes eran llamadas "conejas nacidas en Ambato" o popularmente "conejas".
Capiscara - escultor renombrado quien junto a otros artistas de su época (colonial), impusieron un estilo especial, como dar facciones indígenas o bien querubines y ángeles negros en sus obras. Este estilo hoy en día se le reconoce como "la escuela Quiteña".
La rosa azul es una alegoría a la muerte y al maíz morado, con cuya harina se prepara la mazamorra morada.
Mori - relativo a la muerte, Morrigan.
Ingahurco - barriada popular de la ciudad de Ambato / Ecuador.
Guagas de pan - pan en forma de muñeca, habitual durante la época de finados en Ecuador.
Mazamorra morada - bebida en forma de colada con varias frutas, elaborada con maíz morado de donde toma su color. Habitual en época de finados en el Ecuador y otras zonas andinas.
Mono - nombre que les dan los habitantes de la serranía a los costeños. se usa en varias partes de Sudamérica. En otros países suelen emplear otros regionalismos como por ejemplo, serrano, cachaco, montuvio, etc.
Pan de pinyo - pan tradicional de Ambato, muy apetecido e incluso en ocasiones exportado fuera del país.
Cuyes - En singular cuy. Cobayos, especie de roedores criados específicamente para ser empleados como alimento. Alimento típico de la serranía andina.
Canelaso - bebida típica hecha con infusión caliente de canela y licor.
Guayusa - planta típica del oriente ecuatoriano, símil a la amapola o dormidera. Infusión caliente preparada con las hojas de la planta.
Choro - ladrón, asaltante.
Soroche - mal de altura, falta de aire que padecen las personas no habituadas a sitios muy altos.
Última edición:
::