Mis versos libres
Poeta recién llegado
Los Anóshim
Perfectos moradores del mundo,
puros lo sojuzgaban,
con sus ocho extremidades
y sus dos cabezas,
pacían sus rebaños
en los prados de la Tierra.
«La perfección es mala para el Cosmos»
Los dioses golpearon con sus rayos,
partiendo por la mitad a esos seres,
que en medio de dolores de agonía,
se retorcían,
batiendo sus miembros sobre el césped.
Desde entonces, hombres y mujeres,
buscan sin saber porqué,
aquella mitad que les falta...
Los Nemaláh
Un día de tedio el Olimpo
volvió su mirada
hacia los hijos de los hombres.
Hormigas que corren de un lado a otro.
Eran graciosos sus esfuerzos
por construir un hormiguero
que llegara hasta el cielo.
«Juguemos un poco con ellos»
Los dioses bajaron cargados de obsequios:
Vino y lira; caramillo y arpa.
Arte puro.
Las musas se embriagaron
con el néctar inocente de sus almas,
y decidieron vivir entre ellos.
Ya no eran hormigas. Tenían rostro cada uno.
Cada uno era distinto y era hermoso.
Los Elohim
No solo robó el fuego;
aquel mortal tomó sin que nadie notara,
un puñado de esperanza,
y lo escondió en el mundo.
Hiló en una rueca y la tejió,
hasta formar un velo muy fino.
Una parte al Sol obsequió,
otra porción a la Luna,
la última la sembró en la Tierra.
Pero había una más
de la que ni siquiera él supo.
Esta se dispersó en el agua
cuando se lavó las manos.
«Los dioses ya no juegan al mortal»
Ahora los hombres viven llenos
de ilusiones y de sueños;
se alborozan bajo el sol,
frente a la luna lloran;
esperanza beben en cada gota
que se renueva cada día y cada noche,
en un destino, que ellos manejan.
Perfectos moradores del mundo,
puros lo sojuzgaban,
con sus ocho extremidades
y sus dos cabezas,
pacían sus rebaños
en los prados de la Tierra.
«La perfección es mala para el Cosmos»
Los dioses golpearon con sus rayos,
partiendo por la mitad a esos seres,
que en medio de dolores de agonía,
se retorcían,
batiendo sus miembros sobre el césped.
Desde entonces, hombres y mujeres,
buscan sin saber porqué,
aquella mitad que les falta...
Los Nemaláh
Un día de tedio el Olimpo
volvió su mirada
hacia los hijos de los hombres.
Hormigas que corren de un lado a otro.
Eran graciosos sus esfuerzos
por construir un hormiguero
que llegara hasta el cielo.
«Juguemos un poco con ellos»
Los dioses bajaron cargados de obsequios:
Vino y lira; caramillo y arpa.
Arte puro.
Las musas se embriagaron
con el néctar inocente de sus almas,
y decidieron vivir entre ellos.
Ya no eran hormigas. Tenían rostro cada uno.
Cada uno era distinto y era hermoso.
Los Elohim
No solo robó el fuego;
aquel mortal tomó sin que nadie notara,
un puñado de esperanza,
y lo escondió en el mundo.
Hiló en una rueca y la tejió,
hasta formar un velo muy fino.
Una parte al Sol obsequió,
otra porción a la Luna,
la última la sembró en la Tierra.
Pero había una más
de la que ni siquiera él supo.
Esta se dispersó en el agua
cuando se lavó las manos.
«Los dioses ya no juegan al mortal»
Ahora los hombres viven llenos
de ilusiones y de sueños;
se alborozan bajo el sol,
frente a la luna lloran;
esperanza beben en cada gota
que se renueva cada día y cada noche,
en un destino, que ellos manejan.
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