Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
En estos días, a cuatro años de que te fuiste, me ha dado por imaginar tu rostro desencajado a no sé cuantos kilómetros de mi oído, no he podido dejar de imaginar cómo debe haberse partido tu historia delante de tus ojos, lo que debes haber sentido cuando miraste a un lado y todavía era de día y un segundo después las noches enteras, arteras, definitivas, entraban por tus retinas.
No he podido, aunque sé que es una niñería, dejar de sentirme un tanto culpable por no haber tomado el teléfono para hablarte un par hora antes de tu despedida, pero tenía cosas urgentes que hacer; sobre mi escritorio descansaban un par de documentos que a nadie le cambiaron la vida pero que debían ser terminados y después firmados y luego entregados y después una taza de café y por supuesto un cigarro; dos horas exactas, dos horas en las que no pasaste por mis urgencias, dos horas en las que pensé que podías esperar mi llamado y que nadie se muere si uno decide terminan los pendientes antes que tomar el teléfono para hacer la rutina del hola cómo estas, qué me cuentas y después algunas trivialidades, colgar, y saber que una vez más habíamos empleado nuestro código subversivo, nuestra forma rebelde pero secreta de decirnos te quiero. Sé que si te hubiera hablado dos horas antes nada hubiera cambiado, tú de todos modos habrías exhalado, como lo hiciste, todo el aire de tu aliento con tal de no llevarte ni eso, de todos modos te habrías muerto con los ojos abiertos para que nadie creyera que debajo de los parpados te nacía una lágrima o se te perdían los sueños.
He pensado mucho en ti, en cuanto estabas, en tus palabras que llenaban la mesa y en tus acciones que llenaron mi vida. Sin embargo, tus últimas palabras solo puedo imaginarlas.
Creo que antes de irte deben haber salido de tu boca, recias, fuerte, con el valor de aquel que sabe que el deber se ha cumplido.
Sé que conocías muy bien el desenlace de toda vida y por ello esperabas con paciencia la caída del telón del fin del acto, también sé que lo que más te afectaba de las partidas eran los sentimientos de los que atrás se quedaban, recuerdo tu orgullo a prueba de habladas, cizaña, de cábalas y hasta de balas, por eso creo que deben de haber sido; ¡carajos¡ ¿qué no hay otra forma?, desintegrarme tal vez, ¡no quiero que me vean muerto!...
Due 26 de noviembre 2012 ….a Paco, a cuatro años de distancia, a cuatro años de saber que lejos de irse se quedo aquí, justo aquí…
No he podido, aunque sé que es una niñería, dejar de sentirme un tanto culpable por no haber tomado el teléfono para hablarte un par hora antes de tu despedida, pero tenía cosas urgentes que hacer; sobre mi escritorio descansaban un par de documentos que a nadie le cambiaron la vida pero que debían ser terminados y después firmados y luego entregados y después una taza de café y por supuesto un cigarro; dos horas exactas, dos horas en las que no pasaste por mis urgencias, dos horas en las que pensé que podías esperar mi llamado y que nadie se muere si uno decide terminan los pendientes antes que tomar el teléfono para hacer la rutina del hola cómo estas, qué me cuentas y después algunas trivialidades, colgar, y saber que una vez más habíamos empleado nuestro código subversivo, nuestra forma rebelde pero secreta de decirnos te quiero. Sé que si te hubiera hablado dos horas antes nada hubiera cambiado, tú de todos modos habrías exhalado, como lo hiciste, todo el aire de tu aliento con tal de no llevarte ni eso, de todos modos te habrías muerto con los ojos abiertos para que nadie creyera que debajo de los parpados te nacía una lágrima o se te perdían los sueños.
He pensado mucho en ti, en cuanto estabas, en tus palabras que llenaban la mesa y en tus acciones que llenaron mi vida. Sin embargo, tus últimas palabras solo puedo imaginarlas.
Creo que antes de irte deben haber salido de tu boca, recias, fuerte, con el valor de aquel que sabe que el deber se ha cumplido.
Sé que conocías muy bien el desenlace de toda vida y por ello esperabas con paciencia la caída del telón del fin del acto, también sé que lo que más te afectaba de las partidas eran los sentimientos de los que atrás se quedaban, recuerdo tu orgullo a prueba de habladas, cizaña, de cábalas y hasta de balas, por eso creo que deben de haber sido; ¡carajos¡ ¿qué no hay otra forma?, desintegrarme tal vez, ¡no quiero que me vean muerto!...
Due 26 de noviembre 2012 ….a Paco, a cuatro años de distancia, a cuatro años de saber que lejos de irse se quedo aquí, justo aquí…
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