Orfelunio
Poeta veterano en el portal
El hurto de Caín
Los campos verdes del alma
mostraban tierras de sangre,
la sangre de entre las palmas
caía como simiente.
Madura estaba la parra
y era la vid verde, verde,
que el vino supo a la jarra
maduro y verde corriente.
Cerrado el puño mostraba
la vida prieta y mordiente,
la carne abierta por garra
del vino tinto doliente.
El gusto nada amargaba
al paso de uva endulzante,
que el pasto Abel demandaba
ser el buen fruto excelente.
Caín que bebe el licor
sabe de donde lo obtiene,
mata sólo por amor,
bebe el amor que no tiene.
Los campos verdes del alma
mostraban tierras de sangre,
la sangre de entre las palmas
caía como simiente.
Madura estaba la parra
y era la vid verde, verde,
que el vino supo a la jarra
maduro y verde corriente.
Cerrado el puño mostraba
la vida prieta y mordiente,
la carne abierta por garra
del vino tinto doliente.
El gusto nada amargaba
al paso de uva endulzante,
que el pasto Abel demandaba
ser el buen fruto excelente.
Caín que bebe el licor
sabe de donde lo obtiene,
mata sólo por amor,
bebe el amor que no tiene.
Última edición: